ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El dilema francés

31 de julio de 2016

El terrorismo se ha empecinado con Francia, razón por la cual muchos se preguntan el porqué de esta focalización.

 

Laurent Bouvet ha trazado una línea de reflexión a partir del colonialismo francés desarrollado sobre todo en países musulmanes, que ya emancipados mantienen en Francia un fuerte contingente de migrantes profundamente resentidos y todo el tiempo marginados por su condición no sólo económica, sino sobre todo cultural: gente de color, subdesarrollada y de religión islámica.

 

Contemporáneamente el filósofo galo Alain Finkielkraut había ya lanzado un fuerte apelo a la defensa de la civilización francesa, amenazada por el terrorismo actual, si bien, precisamente eso, la cultura, el estilo de vida, las instituciones políticas y sociales de Francia constituyen el resorte que provoca dicho terrorismo, en opinión de Hugues Moutouh. Desde su perspectiva sociológica los musulmanes radicados en su país, nacidos o migrantes,  han crecido apegados a la cultura islámica, no necesariamente a la práctica religiosa, en el marco de una sociedad profundamente laica que ni comparte ni mucho menos participa de su cosmovisión.

 

Los franceses acaban siendo la antípoda del universo islámico, y lo viven y lo muestran todos los días en todas partes a despecho de la visión radicalmente opuesta de los seguidores del profeta. La mujeres occidentales no se ciñen a las rígidas normas de las mujeres musulmanas, y con ellas conviven habitualmente; la mayoría de los franceses viven con donaire y desenvoltura su condición económica y cultural, no exenta de superioridad, con base a una simple razón, están en su casa y son felices de creer lo que creen y de no ser musulmanes.

 

Esta situación, a decir de Moutouh, mantiene viva la llama del resentimiento, del choque interior entre lo que se cree y lo que hacen los demás, es decir, la mayoría. Desde luego esta actitud es similar a la de las sectas que deben soportar su condición minoritaria frente a una mayoría no sólo ajena sino, lo que es peor, indiferente. De ahí que a la primera oportunidad los musulmanes brincan al terrorismo, lo que el gobierno francés ha llamado “evolución exprés”. Los sectarios pasan del educado proselitismo a la agresión de las prácticas religiosas ajenas, como ocurrió el año pasado en el barrio del ex penal de Oblatos, donde los miembros de una secta obstruyeron el paso de una procesión, admírese usted, valiéndose del apoyo de la policía estatal, pues los sectarios tenían de visita a correligionarios de otras partes y no querían que estos vieran que la ciudad en donde viven sigue tranquilamente practicando otra religión.

 

El estado Islámico se contenta con alentar, proponer, si se puede armar, y lanzar a los musulmanes en contra de los “gentiles”, de los “infieles” por medio de todo tipo de estrategias. Sin duda Michel Houellebecq debe estar bastante complacido, nunca una novela había sido tan oportuna como la suya, “Soumission”, pues ésta trata justamente sobre la grave cuestión del islamismo en Francia y sus posibilidades reales de quedarse con todo. El dilema de fondo se mantiene: exiliar a los musulmanes o acostumbrarse a “dormir con el enemigo”.