ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El efecto virus

3 de mayo de 2009

Bastaron pocos días para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevara a categoría 5 la alerta ante la actual epidemia de influenza. En esta emergencia, como en tantas otras, el nivel de disciplina social constituye uno de los elementos decisivos a la hora de obtener resultados. Efectivamente, si la comunidad no solamente sabe oír o leer instrucciones, sino sobre todo se obliga a seguirlas puntualmente, entonces la prevención funciona.

 

Esta disciplina nace desde luego de la responsabilidad individual que debe situarnos por encima de la habitual ligereza con la que solemos tomar aún las cosas más delicadas, poniendo en riesgo no sólo la propia persona, sino el bienestar de los demás.

 

Ante los alcances de una epidemia o de cualquier otra amenaza a la salud, se dan igualmente diversos niveles de respuesta, desde el incrédulo que considera que todo puede ser simple publicidad, hasta el obsesivo que exagera los riesgos al infinito.

 

Aparecen igualmente los profetas apocalípticos que achacan al Dios justiciero y castigador los padecimientos que son propios de la condición del hombre y de la Naturaleza; también surgen por aquí y por allá quienes atribuyen estas dolencias a la conjunción de los astros y demás maleficios siniestros, sin faltar quienes piensen que han sido los oscuros poderes mundiales quienes han desatado ya la guerra biológica, y empezaron por México.

 

Ciertamente este tipo de hechos tiene la ventaja de devolvernos a la realidad, de recordarnos que pese a cualquier esfuerzo humano, siempre la Naturaleza del mundo generará lo mismo nuevas posibilidades que nuevas amenazas; gracias a esto la ciencia ha progresado, y gracias a los límites que advierte es que el quehacer científico se vuelve humilde, pues por encima de todo se evidencia la condición contingente de la vida.

 

La comunidad creyente siempre ha tenido en su favor la energía de su fe, de una fe que impulsa el empeño por la vida porque confía en el sentido, en el propósito y en la trascendencia de su paso por el mundo. Esta fe en Dios, autor del universo, funda la confianza en la vida, en los demás, en sí mismo y en el futuro, por lo mismo el cristiano recurso a Dios en medio de las emergencias del existir humano fortalece la solidaridad social y dinamiza el empeño por seguir adelante.

 

Finalmente, recordemos que Guadalajara es una sobreviviente exitosa no de una sino de múltiples calamidades que a lo largo de su historia ha aprendido a entender y manejar, a recordar pedagógicamentey a prever, para luego incluso celebrar el hecho de haberse superado una y otra vez, apoyada en su fe y en su esfuerzo; símbolo y emblema de esta experiencia histórica ha sido la imagen multisecular de la Virgen de Zapopan, cuya visita anual es justamente memoria de una grave crisis de salud superada hace precisamente 275 años.

 

Ante esta nueva emergencia ya internacional, todos debemos fortalecer lo mismo nuestra confianza que la solidaridad y el compromiso de seguir trabajando para enfrentar con éxito los nuevos retos que la Naturaleza nos plantea.