ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El inútil sacrificio

29 de marzo de 2009

La cultura social tiene sus propios métodos de discriminación, uno de ellos es el lenguaje. En efecto, época por época lo mismo se promueven y valoran determinadas palabras que se desautorizan y aún ridiculizan otras.

 

Si leemos los discursos oficiales de los presidentes de México desde que se lleva registro de ellos, podemos enumerar una notable serie de términos que si hoy fuesen usados pocos oyentes los entenderían. Entre esos términos destaca la palabra sacrificio en todas sus modalidades gramaticales, pues hubo un tiempo en que sacrificarse por la patria, por los ideales, por los principios, por los demás, era visto como un acto heroico, altamente valioso.

 

Pero no solamente hablamos del sacrificio patriótico, el término se ha aplicado muy comúnmente a los padres que trabajan y se sacrifican por sus hijos, que pasan noches en vela cuando éstos enferman, que hacen hasta lo imposible para rescatarlos de una situación peligrosa; igualmente se habla del sacrificio que hace un joven para trabajar y estudiar, o de todos los gustos que debe sacrificar un deportista, si quiere destacar en una justa deportiva.

 

Y es que el término originalmente supuso la oblación de la misma vida, ofrecida en sacrificio como medio para lograr un fin positivo y trascendente; con esa misma intención se sacrificaba la vida de las flores o de los animales, en el altar de los grandes ideales, y aún en aras de las metas más comunes y cotidianas que suponían esfuerzo y generosidad.

 

No obstante el hecho de que gente de toda clase y condición se siga sacrificando día tras día con tal de lograr tales o cuales metas, el término “sacrificio” se ha ido erradicando cada vez más del lenguaje común, señal inequívoca de un cambio de actitud frente a la vida y sus retos que merece estudiarse con atención.

 

Por una parte podría tratarse de la simple fatiga de un término demasiado desgastado por el uso frecuente, que requiere ser sustituido por otro que, expresando la misma disposición, suene diferente. Los hechos revelan que también se trata de un cambio de actitud, el hombre de hoy no quiere saber nada que suene a sacrificarse, se ha acostumbrado a una cultura donde aparentemente todo puede resolverse con un control remoto; lamentablemente su gusto por la vida fácil lo está haciendo cada vez más dependiente de una tecnología que él no sería capaz ni de crear ni de hacer evolucionar, para ello se requeriría de bastante trabajo, y eso cuesta.

 

¿Sacrificarse por los demás, llámense patria, pueblo, causas, ideales? Para sorpresa nuestra, nuevamente los hechos muestran que hoy día hay más jóvenes dispuestos a sacrificarse por salvar a las focas, los delfines, las tortugas o las ballenas, que por rescatar al ser humano, la especie que más riesgos y peligros corre en los tiempos actuales, toda vez que ha ido perdiendo sus valores y principios, columna vertebral de la civilización misma que no puede ser sustituida con silicones.