ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El juego de la noticia

2 de marzo de 2014

Es comprensible la tensión constante en que viven los medios de comunicación cuando de dar noticias se trata. La saturación del mercado, la ansiedad del público y eventualmente la escasez de noticias atrayentes llevan a los medios a dos opciones: generar el gusto por noticias frívolas o estirar las que eventualmente puedan tener interés hasta la saciedad.

 

El manejo de la captura del “Chapo” es emblemático en este punto, ya que concilia tanto la frivolidad como el interés, favoreciendo la edición novelesca del asunto y por lo mismo la opción de ofrecerlo por entregas durante un buen tiempo, para alivio de los noticieros y hartazgo de los consumidores, en un mes anodino que ya había tenido bastante con la producción “invasión de Michoacán por las fuerzas federales”. No extraña pues que una información apta para los titulares de la nota roja, apareciera en los titulares de las primeras planas lo mismo en la prensa, que en el radio, la televisión y el internet.

 

Efecto colateral de este tipo de manejos es que el edificio donde  capturaron al señor Guzmán se convierta en lugar turístico, que “medio Culiacán” realice una marcha estruendosa exigiendo su liberación, y las nuevas generaciones sigan persuadiéndose, ilusoriamente, de la alta rentabilidad que tiene dedicarse al narcotráfico, como si cualquier despachador de tachas tuviera los recursos para convertirse en capo.

 

Por supuesto que la telenovela “triunfos y caídas del Chapo” es solamente de consumo nacional. A los medios de comunicación europeos lo que les preocupa es la situación de Ucrania, por su enorme posibilidad de generar un conflicto de alcances internacionales; esta crisis ha hecho pasar la cuestión Siria a tercer plano. A los noticieros estadounidenses hispanos les dijeron que lo importante era el asunto Venezuela, por todos los intereses que representa la capacidad de intromisión norteamericana. A nosotros nos siguen exponiendo la ruta tunelera del más reciente escape del “Chapo”, la lista de sus propiedades cuyo inventario seguramente traía en la mano el susodicho al momento de su captura, ya que antes nadie había dicho nada al respecto, las pruebas de ADN que demuestran irrefutablemente su identidad, y el poco efecto que tiene el tiempo sobre la apariencia del conocido narcotraficante, rejuvenecido por estos trece años de feliz e intocable libertad.

 

Por supuesto que la noticia vende y vende más a medida que más le abonan, pero también hace olvidar los entuertos y pesares de la cuestión hacendaria, el fracaso de los planes de seguridad, y el consecuente crecimiento de la delincuencia que de manera directa y cotidiana afecta a la sociedad, y de la cual el “Chapo” se declara inocente, y con cierta razón.