ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El lobo y el cordero

26 de mayo de 2013

En la cúpula panista la humareda es invisible pero igualmente nociva. El fuego azul se venía atizando desde hacía meses porque Cordero se había vuelto un coordinador incómodo para los intereses del presidente del partido y, al parecer, para los del partido mismo. Cordero debió entonces invocar los principios, como suele ocurrir a quienes tienen los intereses en aprietos.

 

Pero para satisfacción del inmortal Maquiavelo, los discípulos superan al maestro; la maquinaria se echó a andar: si no puedes deshacerte de un colega, margínalo, ignora sus funciones, conviértelo en glorieta para que todo mundo lo evada, dale a otros las tareas que le corresponden a él, toma decisiones y acuerdos a sus espaldas, y vete a comer con todos menos con él, y claro que todos irán, no hay fidelidad más permanente que la fidelidad a la nómina; en tanto ve tejiendo la telaraña para asestar el golpe final; para estos entes, los principios son la forma y la perversidad el verdadero fondo.

 

Y es que Cordero venía de atrás, Calderón lo habría querido presidente, pero quedó en líder de la bancada panista en el Senado, pero ya sin protección. Madero se tomó su tiempo, un tiempo cada vez más presionado por los compromisos del pacto “por México” de los que Cordero parecía desentendido; el objetivo final era destituirlo, y el elogio que de él hizo el líder perredista fue semejante a colocarlo justo en el paredón. La comisión azul se reunió, no para destrabar el problema sino para redactar el acta de defunción de Calderón y su pupilo sin faltas de ortografía, y dar el espaldarazo al elegido de Madero, el nuevo delfín.

 

El martes por la tarde se convocó a los medios para hacerlos voceros de la decisión final: sobre una tarima abarrotada, por pequeña, de senadores panistas se ofrecieron los tres rostros del momento, los que sonreían pese a la tensión de la musculatura facial, un señor corpulento que no tenía humor para fingir, y el impasible Madero, firme, contundente, tajante, autócrata, siempre apelando a sus facultades. Enseguida pronunció el nombre esperado, y como brotado a presión de entre sus colegas, el señor corpulento enfrentó a los medios para explicar con transparencia las tres razones por las cuales el cordero había sido sacrificado, por lo menos las razones oficiales, que de las de fondo, ya todo mundo estaba enterado.

 

La prensa se amotinaba porque no siempre se puede asistir a un espectáculo de este tipo, y como sucede a los mejores actores, a Madero se le salió de control la mente y soltó el tema de un empate, es decir, los panistas involucrados empataron sus simpatías entre no sabemos quiénes, pero el presidente del partido, de nuevo haciendo uso de sus facultades, desempató la justa y dejó el cargo a quien ya tenía nombrado.

 

La ignominia final fue el catálogo de cualidades y aciertos que el entrante reconoce al saliente, pues hasta el más despistado se preguntaría, ¿y si tan excelente era, por qué lo despiden? Cordero adujo en el entretanto que la medida era imprudente, ya que en este año hay elecciones en catorce estados del país, mismas que se podrían ver perjudicadas por este tipo de situaciones, bueno, los corderos suelen ser así, ya que tal vez sea justamente por eso que lo han desbancado.