ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El nombre no es destino

3 de julio de 2011

En estos días fue capturado un joven de 21 años que llevaba en su haber más de 19 asesinatos cometidos en diversos hechos violentos. Se llama Juan Pablo.

Desde luego que el nombre no es destino, sí en cambio el medio ambiente familiar, social y educativo. Pero resulta que nuestra actual organización humana se ha ingeniado con mucho éxito en establecer una serie de condiciones todo el tiempo contradictorias. La familia puede estar bien, pero no el ambiente. El ambiente puede estar bien, pero no la escuela. La escuela puede estar bien pero no la familia.

En el aparador oficial de la dinámica social clásica o contemporánea se habla bastante de los valores, se les promueve y sustenta. En la dinámica de los medios de comunicación los valores se vuelven relativos; video juegos, películas, series de televisión y otros entretenimientos se consagran en un alto porcentaje a establecer otros valores que contradicen a los primeros.

En estos mismos días también fue capturado un hombre de la tercera edad por haber cometido incalificable delito en la persona de su propia progenitora; lo apresaron para dar cabal cumplimiento a las leyes que persiguen ese tipo de acciones. Eso no impide que desde la preadolescencia la sociedad se vea todo el tiempo acribillada por una cultura que hace de los placeres el fin último de la existencia, buscando con todos los recursos de la mercadotecnia sensualizar la publicidad y publicitar la sensualidad. Esto incluye la difusión de comerciales que venden aparatos para ver a las personas, en serio o en broma, en ropa interior o sin ella, así como los productores de envases que han descubierto su nicho de oportunidad fabricándolos con cuerpo de Tongolele.

A nivel nacional prosigue la lucha contra del crimen organizado, especialmente de los narcos; en la vida real ser narco o sicario se ha vuelto una posible y deseable opción vocacional para muchos, dado el manejo publicitario que tales personas reciben, convirtiéndolos en seres exitosos de vida codiciable, por más que breve.

Cotidianamente los noticieros informan de la fatal combinación de alcohol y volante, pero todos los días los antros se manejan a su antojo, obtienen licencias y más licencias, a la vez que se crea la conciencia social de que sin alcohol no hay diversión, aún si esta diversión acaba con la vida de personas ajenas. No en vano somos ya, y al parecer solamente, un paisaje agavero, cada vez más omnipresente y opresor. A alguien se le ha olvidado que Guadalajara no es Tequila, aunque vender la bebida de ese mismo nombre siga generando ganancias.

Esta esquizofrénica organización social es brutal y tortuosa, no se puede a la vez prohibir y alentar, provocar y reprimir, afirmar y negar, menos aún cuando la contraparte del deber ser cuanta con múltiples recursos, y el deber ser con la sola penalización.