ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El peso fuerte

30 de agosto de 2015

Las declaraciones del presidente del Banco de México son conmovedoras. Según él la moneda mexicana se ha fortalecido en los últimos meses en relación con otras divisas. Suponemos que en relación con las divisas de África central, Haití o Bangladesh. Por otra parte no podríamos esperar que un funcionario con semejante responsabilidad declarara lo contrario, originaría, sin deberlo, un pánico catastrófico.

 

Pero tampoco se trata de creerle. Al igual que los oráculos de Delfos, los pronunciamientos de los “servidores” públicos siempre son ambiguos. No obstante debemos advertir que ni el dólar ha subido ni el peso ha bajado, detrás de la devaluación lo que difícilmente se oculta es el fracaso evidente de la política económica del actual Gobierno federal, pues el valor de una moneda no depende solamente de los escenarios internacionales, desde luego muy conflictivos e interdependientes, o de la fortaleza de esta o aquella divisa dominante, depende fundamentalmente del nivel de productividad de un país; desde esa línea de pensamiento lo que ha bajado es la productividad de México, y un factor explicativo clave puede bien ser la reforma fiscal.

 

Varios analistas financieros advirtieron en su momento que aumentar los impuestos podría traer como consecuencia una baja sensible del consumo. Cuando la gente tiene poco dinero procura gastarlo en lo estrictamente necesario, por lo que, además, de nada sirve aumentar el empleo si éste es de bajo costo. Tal situación produce dos efectos: baja el monto de la producción y baja la calidad de los productos con el fin de incentivar la compra. Producir poco y de poca calidad provoca de inmediato una adecuación del valor del dinero en relación con otros países cuya productividad en calidad y monto se mantiene o crece.

 

Si a eso se añaden las consecuencias unilateralmente negativas de la importación en renglones que afectan directamente la misma producción mexicana, el escenario se vuelve mucho más franco que las declaraciones ampulosas de los funcionarios.

 

No es descabellado afirmar que en todo esto hay buena parte de la política económica de partido, sobre todo considerando que los gobiernos federales panistas mantuvieron una notable estabilidad económica y cambiaria, misma que se ha extraviado en el momento presente, repitiéndose escenarios que ya se habían visto en gobiernos anteriores, mismos que produjeron la primera gran caída del PRI.

 

Y mientras el país se hunde el Presidente se dedica a promover a sus protegidos de manera que el sucesor sea quién él decida, aún si una indebida precipitación pueda chamuscar a sus delfines; lo que le pase a la nación, es asunto del todo secundario, el poder es el poder.

 

Un gobierno futuro debería integrarse de tal modo que el manejo financiero pasara al PAN, si todavía queda algo de él, la administración pública al Movimiento Ciudadano, en vía de prueba, la cartera de relaciones exteriores al PRI, y si el “Peje” fuera lo que dice ser, habría que encargarle el ejercicio de la justicia, prescindiendo de todos los demás partidos y sin dar un solo centavo público a ninguno de ellos.