ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El poder de suponer

9 de diciembre de 2012

Se supone cuando sin tener evidencias se establecen juicios o conclusiones más o menos justificados en opiniones generales como: así ha sido siempre, qué casualidad, era de imaginarse, lo dice mucha gente, no podía esperarse otra cosa, etcétera. La suposición es entonces una negación que nulifica el pensamiento crítico que, de otra forma, cuestiona, analiza y se resiste a las conclusiones fáciles; también puede ser una frivolidad criminal cuando de una suposición se pasa a la toma de decisiones que afectan la vida de personas e instituciones.

 

El pasado 1 de diciembre tanto en Guadalajara como en el Distrito Federal se dieron diversos actos vandálicos junto con protestas pacíficas, que aún siendo pacíficas, iban en contra de las reglas de la democracia. Protestar porque un determinado partido ganó así sea por una mayoría ínfima, es desconocer a lo que obliga una elección abierta. Protestar porque se supone que hubo fraude electoral es todavía peor, ya que efectivamente se está partiendo de una suposición, en la medida que tal no ha sido cabalmente demostrado. Pero es que se supone que quienes debían demostrar el fraude se vendieron. O se supone que quienes hicieron el fraude lo hicieron a la perfección. O se supone que los grandes poderes capitalistas nacionales y extranjeros manipularon todo, incluyendo las grandes televisoras; y así se puede seguir suponiendo un sinfín de cuestiones que a la postre no llevan a actos supuestos, sino a actos vandálicos que dañan el patrimonio público y el privado.

 

Desde luego que hay muchas cosas por las cuales todo el país debería levantarse y protestar: México no puede darse el lujo de seguir pagando a tan alto número de funcionarios públicos tan altos salarios, teniendo en la pobreza a la mitad de su población. La nación no puede seguir manteniendo congresos legislativos tan abultados como inútiles. Las instituciones públicas no deben seguir atrapadas en la lógica de la corrupción… Pero no basta protestar, ni mucho menos hacerlo cometiendo todo género de delitos, el primero de ellos, protestar por encargo, es decir, protestar, gritar, y destruir porque me pagaron, porque me ofrecieron una plaza, porque me dejan vender piratería o robado.

 

Sin embargo nada puede frenar este vandalismo cuando al final los responsables quedan en libertad “por falta de pruebas”, “porque eran delitos menores”, “porque se equivocó el actuario”, porque Derechos Humanos hizo valer sus fueros, o porque los mismos vándalos de ayer hoy arman nuevas manifestaciones, plantones y protestas intimidatorias. Lo vimos en el caso de Michoacán, donde se cometieron delitos de diversa índole, se capturó a varios responsables, y posteriormente los dejaron en libertad no por falta de méritos, sino por falta de autoridad.

 

Si en nuestro país la ley no se puede aplicar por razones políticas, por consideración al poder económico de determinadas personas, por crecidos sobornos, por evitar males mayores o por cualquiera otra excusa, entonces estamos bastante lejos aún del llamado estado de derecho, ante esta perspectiva las cosas no sólo seguirán igual, van a empeorar.