ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El poder del padre

24 de febrero de 2013

Infinito campo de estudios y cavilaciones desde las más variadas ciencias, el poder del padre sigue siendo un asunto profundamente afirmado en las entretelas de la conciencia humana, lo mismo si se le adora que si se le detesta.

 

Desde luego que la identidad patriarcal de las personas y las sociedades crece o disminuye en razón de variados factores, entre otros el desarrollo de la democracia que sustituye la figura del padre por la figura de la sociedad igualitaria, y la impronta de su poder por el poder de las leyes, si no hechas por todos, sí por la mayoría aceptadas de manera libre y sobre todo, consciente.

 

Nuestra sociedad sigue sin embargo siendo profundamente patriarcal, esto obedece al fracaso permanente que la democracia ha tenido en nuestro medio,  la democracia entendida como una opción que hace la sociedad en su conjunto, previamente informada, formada y decidida a modificar conductas, formas de pensar, hablar y sentir que no van con una conciencia democrática, privilegiando en cambio los caminos que la avalan.

 

En la medida que esa conciencia democrática permanece ausente, la figura del líder sigue siendo la figura del padre, fuente de vida, de protección y futuro, dotado de un poder real, contundente, al cual debe someterse la voluntad sin titubeos, pues en el fondo subyace la impresión de que tal sujeción es condición de sobrevivencia, y lo es, cuando efectivamente el líder, dotado de ese poder que le dan sus subordinados, decide sobre vidas y haciendas con carácter indiscutible y efectivo.

 

Por lo mismo hablar en nuestro medio de elecciones democráticas, transparentes, apegadas a derecho y todo lo demás, sigue siendo un hermoso discurso, solamente incuestionable en su aspecto formal. Es decir: nadie es obligado a votar, nadie es comprado para que vote, nadie altera los resultados electorales, a menos claro, que haya otros “padres” involucrados y con todo el perfil de “padres”. Por lo mismo, los votantes que deben elegir un alcalde, diputados, gobernador, presidente del país, o de un gremio, sindicato, o cámara, los votantes que deben elegir al rector de una universidad pública, al director de un consejo, o a la autoridad que sea y esté sujeta a voto, no son necesariamente manejados, conminados o chantajeados para que elijan a tal o cual persona, no hay necesidad de llegar a esos primitivos extremos, basta con que los electores sepan claramente cuál es el candidato del “padre” para que unívocamente lo elijan. Y el “padre” puede transitar en las instituciones y sociedades como líder moral, o líder fuerte, o francamente como cacique del grupo, gremio, sindicato, universidad, partido, o  empresa, en el fondo hace el papel del padre que ha dado ya abundantes bienes, que tiene todos los controles en su mano, que puede por lo mismo construir o destruir, es el padre, y como tal, permanece incuestionable, porque la sociedad en su conjunto vive en esa específica dimensión de su desarrollo y no ha podido o no la han dejado superar esta cosmovisión patriarcal para instaurarse en un sociedad democrática que vive acorde al estado de derecho.