ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El problema del agua

11 de septiembre de 2011

En 1823 el Estado de Jalisco aceptó unirse a la República Mexicana por medio de un pacto federal. Esta condición favorecía, en principio, el mutuo apoyo entre estado y federación, y era importante por el simple hecho de compartir un mismo espacio geográfico en permanente interrelación. Aspecto destacable de esta realidad es que el mayor lago del país, Chapala, era alimentado naturalmente por el río Lerma que nace en el Estado de México, y va incrementando su caudal sea por la confluencia de otras vertientes acuíferas, como de los mismos temporales, a lo largo de otros estados mexicanos.

Pero ¿qué pasa o debería pasar si de pronto uno o varios estados retienen sus afluentes y éstos ya no llegan a Chapala? ¿Qué pasa si además, los pocos afluentes que aportan están altamente contaminados? En ese mismo momento entran en acción de manera rápida, objetiva y eficaz las instancias federales, una de cuyas misiones es precisamente evitar este tipo de abusos o regular con justicia el manejo y distribución del agua a fin de que en la debida proporción siga beneficiando a todos. Por supuesto que eso no sucede. Las aguas del río Lerma son retenidas por numerosas presas, sobre todo en el Estado de Guanajuato y para su exclusivo beneficio, o son desparramadas a tenor de técnicas agrícolas de inundación que hace tiempo deberían haber sido suprimidas. El resto se convierte en un simple y pestilente drenaje que arrastra todas las inmundicias urbanas, ganaderas, e industriales del Bajío y de Michoacán, y ese es el aporte que acaba recibiendo la laguna de Chapala.

Ante una emergencia de tal naturaleza, las autoridades del Estado libre y soberano de Jalisco actúan de inmediato en defensa de sus recursos, exigen con tenacidad el cumplimiento de los acuerdos, y aún condicionan cualquier otro proyecto a la justa observancia de estos requisitos. Claro que tampoco eso sucede. Por el contrario, con una complicidad que raya en la traición aceptan la construcción de una presa que lleve las aguas limpias del río Verde, en Jalisco, a la ciudad de León, en Guanajuato, con la hermosa promesa de que Guanajuato nos regresará esas mismas aguas, pero convertidas en drenaje: un nuevo aporte para Chapala.

En otras palabras, Jalisco hace el peor de los papeles, no logra el razonable aporte de las aguas del Lerma, tampoco logra que las que lleguen estén tratadas, pero sí está pronto a dar las aguas limpias del río Verde, independientemente del atropello que ello significa para muchísimas personas directamente afectadas por la tal presa.

El resto de la ciudadanía jalisciense, embrutecida como suele estarlo en buena medida por la búsqueda contemporánea y obsesiva de pan y circo, se mantiene al margen, propiciando que malos gobiernos malbaraten nuestros recursos a cambio de oportunidades personales para sus integrantes y en perjuicio de toda la sociedad.