ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El sínodo africano

25 de octubre de 2015

Durante el presente mes se ha estado desarrollando en Roma un sínodo para reflexionar acerca de los retos actuales que enfrenta la familia como institución social.

 

Algunos medios de comunicación europeos han observado ciertas tensiones en la marcha misma de esta asamblea sinodal, en buena parte debidas a los choques de opinión entre los asistentes, e incluso se habló de una carta dirigida al Papa Francisco por parte de quienes los medios llaman, cardenales conservadores.

 

Algunos de los temas abordados presentan aristas especialmente difíciles de resolver, muy en concreto el de los divorciados vueltos a casar, que no están excomulgados, puesto que siguen formando parte de la Iglesia, pero no pueden recibir la eucaristía.

 

El que personas divorciadas rehagan su vida con una nueva pareja no es nuevo en la historia humana, pero sí sorprende su actual expansión, lo cual incluye la facilidad con que hoy se fracturan los matrimonios y la dificultad de que permanezcan las nuevas uniones que siguen a la primera fractura. El fenómeno está siendo estudiado desde distintas disciplinas humanas debido a los graves riesgos que representa para la consolidación social y familiar y su repercusión en los hijos, siendo muy común explicarlo hoy casi todo desde lo que han dado en llamar “cultura líquida”, es decir, una evidente incapacidad de las nuevas generaciones para mantener compromisos estables en cualquier campo.

 

Se trata de una emergencia que no podría ser enfrentada con las mismas posturas y actitudes con las que se enfrenta la vida normal. Es aquí donde la estructura se ve rebasada por la corriente de la vida, y mientras unos quieren mantener el sistema, otros lo que buscan es rescatar a las personas. Paradójicamente así fue que nació y se fortaleció el cristianismo, desde una propuesta donde la persona y la vida debían situarse por encima de la estructura y de la norma. Los guardianes de la ley deberán una y otra vez confrontar e incluso acorralar a Jesús sosteniendo el mandato divino que de acuerdo a sus códigos prohibía tales o cuales acciones en sábado, o sentenciaba con pena de muerte tales o cuales conductas.

 

¿Qué está permitido hacer en sábado? ¿Qué está permitido hacer ante una emergencia? El poder de las llaves que Jesús dio a su Iglesia para atar y desatar aun lo que en el cielo hubiese sido desatado o atado, ¿aplica sólo para cuestiones rituales o abstractas? Sin duda que lo que Dios ha unido no lo debe separar el hombre, pero ¿lo puede hacer la Iglesia, con el poder que para ello ha recibido del mismo Dios?

 

Pues allá están los obispos queriendo resolver este nudo gordiano, unos al estilo de Alejandro Magno, otros a fuerza de paciencia e ingenio, y otros, apretando más el nudo que debían soltar.

 

Es muy difícil que determinados líderes que todo el tiempo han vivido en las certezas totales comprendan a una sociedad que tiene ya mucho tiempo de navegar en la incerteza. Una comprensión aún más difícil cuando de nuevo se pone la ley por encima del espíritu olvidando que la letra mata mientras que el espíritu vivifica.