ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

El valor de tu voto

21 de junio de 2009

La presente campaña electoral ha revelado como nunca antes la flagrante decadencia de los partidos políticos y la caducidad del modelo democrático, que los mismos partidos se empeñan en mantener vivo a como dé lugar.

 

La opacidad de las propuestas, reflejo de quienes las emiten, y su capacidad demagógica para evadir las cuestiones de fondo convencen a los ciudadanos de la gran pobreza política que sufre nuestra sociedad, y su exitosa incursión en los amplios campos del cinismo; nunca como ahora carecer de vergüenza fue tan efectivo.

 

En el caso Jalisco bastaría analizar la trayectoria de muchos candidatos  que ya ocuparon antes cargos públicos, para preguntarnos como es posible que con un pasado tan gris y en ocasiones, patético, tales y cuales personas se atrevan a seguirse postulando. La explicación posible hay que buscarla en distintas realidades, por una parte la amnesia social que olvida pronto, la irresponsabilidad ciudadana que renuncia a ejercer un escrutinio auténtico de la gestión pública, la corrupción de los partidos cegados por su ambición de poder, y desde luego, la misma deshonestidad de quienes aspiran o aceptan ser candidatos a pesar de su ineptitud ampliamente demostrada en gestiones anteriores, o deseosa de estrenarse, por lo que se ve.

 

El valor del voto de la ciudadanía resulta entonces bastante relativo, ya que se halla inmerso en el peor de los círculos viciosos. Si vota, sigue apoyando el actual orden de cosas, de forma que los electos puedan presumir que el pueblo los eligió, con lo cual se sienten respaldados para seguir haciendo de las suyas; si no votas renuncias a un derecho que las leyes otorgan, debilitando el proceso democrático del país. Lo verdaderamente cierto es que votes o no, conservas inalterable tu derecho a exigir a los funcionarios el cumplimiento de sus obligaciones, ya que votes o no, igualmente pagas sus crecidos salarios, por medio de los impuestos.

 

Desde luego que todos los candidatos traen abiertas sus ventas de cochera, cuyo común denominador es ofrecer más o menos lo mismo, sin garantía alguna de efectividad, apostándole al ilusionismo y al poder de seducción que todavía pueda ejercer sobre los votantes.

 

Desde luego ningún candidato parece dispuesto a comprometerse en una reforma seria del sistema democrático mexicano, que establezca las vías legales para el rendimiento de cuentas y la tan temida y satanizada revocación de mandato; sobre este asunto, lejos de aplicarse a formular una genuina estrategia legal que la haga operativa sin afectar la estabilidad social, la ahuyentan con un petate del muerto que ya tiene mucho de fallecido, es decir, los disturbios, asonadas, golpes de estado y otros divertimientos que asolaron al país en el siglo XIX, o con ocasión de la Revolución Mexicana, en escenarios del todo diversos y frente a una sociedad del todo ajena al sentido de la democracia. Aunque en algunos aspectos hemos progresado poco, el sentido democrático de la sociedad actual es muy superior y por lo mismo más exigente que el de la gente de tan lejanos tiempos.