ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Elección tersa

16 de enero de 2011

Coahuila es un Estado de geografía muy singular, extensas planicies áridas dominan sus horizontes, ocultando muchas de ellas una enorme riqueza mineral; por su parte las zonas fértiles, como oasis, se arremolinan en las fronteras Sur y Norte de su territorio; un territorio de inusitada paz, situado entre dos regiones de extrema conflictividad: Nuevo León y Chihuahua.

 

No sabemos a quienes querían dar el Norte, cuando el Gobierno de este Estado, en meses pasados, echó a andar su campaña mediática: “El Norte está en Coahuila”. Ahora podríamos pensar que dicha información iba dirigida a todos los correligionarios del partido de dicho Gobierno, cuyo titular acaba de ser elegido presidente nacional.

 

A diferencia de otros procesos electorales partidistas, éste resultó ser muy terso, quizá una forma de recordar, no sin nostalgia, la máxima de don Porfirio Díaz: “Yo elijo al candidato y ustedes votan por él”. Desde luego el estilo era efectivo en la forma y en el fondo, por más que mostrara una de las más tradicionales maneras de traicionar la democracia ideal, o una de las maneras más efectivas de mostrar su inutilidad real.

 

Estaríamos pues reeditando un episodio más de la oligarquía mexicana perenne, que ha sido nuestra praxis cotidiana desde que dejamos de ser monarquía abierta y descaradamente. Que un grupo de iluminados, duchos en el difícil arte de elegir a la persona indicada, luego de profundas cavilaciones, dé con el candidato ideal para los tiempos que corren, negocie con los recursos que le son propios una candidatura única, o promueva con iguales métodos candidaturas débiles, es el resto del trabajo. La emisión del voto de los concurrentes simplemente culmina con aplauso una tarea que fue tejida con bastante empeño y mayor discreción. Tarea que como en los viejos tiempos exige inexcusablemente la disciplina de partido y el impecable ropaje del sufragio efectivo.

 

La trayectoria inmediata debe de haber contado, por más que en esas alturas brumosas del poder sea solamente un elemento a considerar. Se lamentarán algunos de que en toda esta urdimbre se deje sentir el manotazo del nepotismo de visión amplia y proyectiva, ya que el siguiente candidato a gobernar Coahuila parece que será el hermano del gobernador saliente, jugada ésta de impecable precisión por ambos tiros. ¿Qué mejor manera de garantizar que este rico estado norteño seguirá en esa paz que le envidian tanto sus vecinos? ¿Se opondrá acaso el presidente nacional del partido a tan atinada candidatura? ¿El nuevo hipotético gobernador osará cuestionar la gestión que le antecede?

 

Por lo pronto Coahuila goza ya de una red de puentes, pasos a desnivel, ejes viales, una segunda autopista a Monterrey y libramientos hasta donde no hacían falta, asunto que presagia una presidencia de partido abierta a entablar puentes y canales de comunicación con lejanos y cercanos, amigos y enemigos, y párele de contar. Ya se verá.