ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Endeudar es pariente de robar

3 de abril de 2011

El caos mexicano es resultado de la yuxtaposición de mundos cerrados e inconexos donde cada grupo social vive en su esfera propia, acuña su propio lenguaje, su código individual de conducta, su estilo de vida, siempre al margen de la realidad de los demás, pero beneficiándose piramidalmente de sus bases. Entre estos mundos alienados el de la esfera política ha llegado a ser el más lamentable, entre otras cosas, por las múltiples formas de robar que ha inventado y justificado, toda vez que tiene el poder de hacer leyes por su cuenta para validar cuanto le convenga.

 

Entre estas formas de robar se ha destacado desde hace muchos años el recurso al endeudamiento. Tanto los poderes Ejecutivo como Legislativo se asocian permanentemente para contraer deudas sin importarles en lo más mínimo lo que pueda pensar la ciudadanía, aún más, aprovechando el que la ciudadanía no advierte el problema o si lo advierte de nada le sirve, pues se halla atada para poderlo enfrentar.

 

Si para la realización de toda obra pública se requiere endeudarse, entonces ¿en qué se invierten las cantidades millonarias que pagamos todos los ciudadanos por todo tipo de impuestos? En servidumbre, desde luego, abundante hasta el desperdicio, muchos de sus integrantes, sobre todo en las altas esferas del poder, con salarios estratosféricos totalmente ajenos a nuestra realidad, y que rara vez se justifican en los resultados de esa crecida burocracia.

 

No obstante todos los responsables de la gestión pública se dedican todo el tiempo a solicitar deuda, regatearla a cambio de convenios partidistas, y dejar a la ciudadanía el pago de la misma, ya que es a nuestra cuenta que solicitan los préstamos, mismos que hemos de pagar aunque no nos hayan pedido permiso para endeudarnos. De esta manera hasta los recursos del futuro se hallan comprometidos ya desde ahora en el pago de éstos y tantos otros créditos solicitados gobierno tras gobierno; en cierta manera se trata de un juego perverso: endeudarse al máximo para que la siguiente administración se halle con las manos atadas, mismas que de inmediato se desatan para pedir nuevos préstamos, ya que los recursos, dirán, apenas ajustan para pagar nómina y réditos. Esta canallada puede hacerse legalmente porque las leyes que ellos hacen a nuestras espaldas, se los permiten, y porque legalmente tenemos que pagar impuestos, pero legalmente no podemos decidir en que se emplean, ni mucho menos oponernos a esta fiebre de endeudamientos a fines de sexenio o a medias ya de trienio.

 

En tanto observamos a los países árabes sublevarse por todas partes gracias a que tienen dictadores muy concretos y ubicables contra los cuales ir, nosotros tendríamos que sublevarnos primeramente contra nuestra apatía y alienación, para luego ir en contra del régimen de partidos que, al volverse corrupto y decadente, no puede ya sino dañar al país.