ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Entre sexenios

29 de julio de 2012

No sabemos con precisión en que consistan los procesos de entrega-recepción que suelen darse al final de un sexenio e inicio del siguiente. Si en este proceso participara la ciudadanía debería señalar los aciertos, las fallas y los pendientes del Gobierno saliente, como parte de una agenda muy exigente para el Gobierno que llega, en lo federal, estatal y municipal.

 

El Estado de Jalisco no solamente concluye un sexenio, sino 18 años de Gobierno desde un partido. Pero más que analizar esos tres sexenios, a la ciudadanía nos debe importar el balance reciente. Indiscutiblemente fue un sexenio en que se apoyó a innumerables organismos civiles orientados a la asistencia social en muy diversos campos. La libertad de expresión siguió siendo respetada de tal modo que todo mundo pudo decir, escribir, manifestarse, gritar y hasta injuriar al Gobierno, y al mismo gobernador, sin que hubiese habido casos evidentes de represión; por lo mismo ni el gobernador ni su equipo de seguridad dieron pie a un movimiento del tipo “Yo soy 132”. En cambio la búsqueda de transparencia sufrió serios reveses.

 

Pese a las graves condiciones de inseguridad que privan en la nación, por bastante tiempo Jalisco pudo mantenerse relativamente al margen de esa situación, suponemos que gracias a recursos legales. La promoción del Estado a nivel nacional e internacional fue también un acierto palpable, pese a la inseguridad registrada en Vallarta. Si bien es verdad que el magisterio jalisciense ha sido muy fiel a su vocación, buena parte tuvo el Gobierno estatal en el sostenimiento de esa postura; otra cosa sería evaluar si la calidad educativa creció y cuál fue su impacto real en la comunidad. Sin duda el deporte fue ampliamente apoyado, particularmente con ocasión de los Juegos Panamericanos que el propio Gobierno tramitó para su exitosa realización en Jalisco, aunque tuvo su cola de fallas y omisiones.

 

En la percepción social no hubo reformas sustanciales en lo que mira a un manejo más honesto y equitativo de los recursos públicos, lo cual incluye salarios exorbitantes para los primeros niveles, que aunque los legalizaron valiéndose de una absurda comisión, no dejan de ser inmorales; de igual manera fue lamentable la pérdida notable de dinero en proyectos frustrados, estudios de todo tipo y frecuentes viajes sin beneficio.

No hubo en el sexenio una sola carretera que pudiese presumirse, si exceptuamos la libre a Zapotlanejo, otras siguen en curso desde hace años y no se concluyen, por lo mismo la región de Autlán sigue aislada, en ruinas el camino de El Limón a Ciudad Guzmán, y los caminos del Norte de Jalisco, que solamente mejoran cuando se cruza territorio zacatecano; y ni pensar en una verdadera carretera costera, una autopista por tierras de Jalisco que fuera de Barra de Navidad a Vallarta, de Vallarta a Guadalajara, y de Guadalajara a Barra. La construcción de la carretera Lagos-Villa Arriaga, apenas inaugurada, inició hace nada menos que 10 años.