ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Espectacular estreno

21 de febrero de 2010

Cinco palacios bordean la hermosa cruz de plazas de la urbe tapatía. El más antiguo lo ocupa el Poder Judicial, pues fue el espacio del Colegio de Niñas de Santa María de Gracia ya desde principios del siglo XVII; le sigue la gran casona edificada por el obispo tapatío don Nicolás Carlos Gómez de Cervantes allá por 1730, sede actual del Poder Legislativo; en tercer sitio se destaca nuestro magnífico Palacio de Gobierno, único al que se le ha respetado su denominación de origen virreinal, y el más hermoso edificio civil que nos haya heredado el estilo barroco en estas tierras; surgió luego el Teatro Degollado, joya del neoclásico tapatío, que ya lleva sobre sus cimientos más de ciento cincuenta años de existencia, y que no obstante ser teatro lo mismo parece el gran templo de Apolo que un palacio de las artes. El edificio palaciego más joven es el del Ayuntamiento tapatío, aunque ya ande tramitando su credencial de la tercera edad.

 

Cualquiera podría pensar que en orden de importancia se debe destacar en primer lugar nuestro Palacio de Gobierno, pero siendo la democracia la que impera en nuestro medio, ese honorífico puesto se le otorga hoy día al Teatro Degollado, pues a nuestra sociedad lo que más le seduce y fascina es justamente el espectáculo, lo mismo de calidad que carente de ella, con una curiosa variable, que los espectáculos más sonoros de esta leal ciudad no tienen lugar en el Degollado, sino contra esquina.

 

Ya fue espectacular el estreno de la actual legislatura y muy cercano a las telenovelas, puesto que nos lo ofrecieron en dos capítulos. En ese mismo clima de novela de intriga, de trama compleja, de suspenso, de acciones premeditadas y soluciones inesperadas tuvo lugar la organización de las comisiones y su pasmosa distribución; a manera de comerciales nos dieron la detallada descripción de cómo dejaron el inmueble los que se fueron. En un cuarto capítulo vimos el peregrinaje legislativo no al Palacio de Gobierno, que al parecer ha dejado de serlo con riesgo de ser alquilado como salón de eventos, sino a Casa Jalisco, a solicitar otros cuantos millones más, que ya entrados en gastos, lo mismo da 20 que 80, máxime que ni los solicitantes ni los otorgantes los ganaron con el sudor de su frente.

 

La entrega más reciente ha sido una audacia del guionista oculto que va llevando el hilo del asunto. Seguramente con la aviesa intención de hacer parecer a los legisladores como cazadores neuróticos de temas para su agenda, dieron con la cuestión del Río Santiago, que unos dicen que está muerto y otros se empeñan en probar que vive. En consecuencia vino un sofocón para el secretario de Salud, quién previamente había hecho declaraciones al respecto, sin contar con los nuevos intereses ecologistas de nuestros diputados, avivados intensamente por la extraordinaria oportunidad que se les ofrecía.

 

Por supuesto que el Río Santiago es hoy por hoy una gran paradoja, pues si se conoce al muerto por el hecho de ya no moverse, ¿cómo es que este difunto aún lo hace?