ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Estados fallidos

15 de marzo de 2009

Sorprende la capacidad de nuestros vecinos norteamericanos para inventar eufemismos, lo mismo si se trata de etiquetar guerras que personas o países. Tratar de entender esas tendencias supondría por lo menos un buen ensayo.

 

En un análisis rápido de las estrategias históricas norteamericanas podríamos decir que permanentemente se han orientado a generar problemas para posteriormente aparecer con las soluciones, todo lo cual trae consigo costos y ganancias para ellos. En el siglo XIX se empeñaron en armar insurgentes enamorados de la democracia y de la independencia, después armaron y pagaron aquí y allá todo tipo de facciones partidistas dispuestas a promover golpes de Estado, asonadas y lo que fuera adecuado para justificar la llegada de los marines a Cuba, a México o a donde sea, ya que los intereses de los ciudadanos norteamericanos peligraban. Después fue financiar guerrillas y contraguerrillas capaces de desestabilizar a cualquier Estado, lo cual de nuevo hacía indispensable el apoyo militar del Norte en defensa del Estado de derecho y de la democracia.

 

Hoy día el nuevo enemigo a vencer ha sido el terrorismo internacional, que se maneja a sus anchas con  armas “made in EU”, favoreciendo invasiones y amenazas a tenor de las listas negras que fabrica la inteligencia de por allá; apenas hace unos días acaba de integrarse al elenco de antihéroes el narcotráfico, flagrante amenaza a la seguridad de nuestros vecinos, por la capacidad que los narcos tienen de hacer estados fallidos. Lo que no analizan es que el primer Estado fallido es justamente Estados Unidos, ya que ha fallado en su lucha por evitar las adicciones de sus conciudadanos, así como el tráfico de armas y drogas, dentro y fuera de su propio país.

 

Este tipo de tendencias esquizofrénicas se manifiestan naturalmente en todo lo que hacen, incluida la forma de vivir y propagar la religión norteamericana, pues sus propagandistas llegan a México, persuaden a sus oyentes de ser malos y pecadores, para luego persuadirlos de que serán buenos y perfectos si se adhieren a su grupo, con lo cual los convierten en el FBI del fariseísmo cristiano, con derecho a juzgar y condenar a todo el mundo formado por ciegos, idólatras y borrachos. Se olvidan campantemente de que buena parte de nuestras lacras morales las han propiciado ellos mismos, a través de los modelos culturales que exportan por todo tipo de medios; así que funciona el sistema “Supermán”, donde héroes y villanos surgen de la misma pluma.

 

Calificar a México como un Estado fallido antes que abrir las puertas del país al Ejército norteamericano, cualquiera sean las modalidades, supondría abrir primeramente una investigación para detectar a los  responsables de que el Estado mexicano esté fallando, no vaya a ocurrir que la misma mano que juzga y quiere poner orden sea la que está propiciando el desorden.

 

En último término, hay que recordar que el buen juez por su casa empieza, y vemos que en la casa vecina el caos, la corrupción y la ineficiencia han arruinado al planeta Tierra.