ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Estrategias políticas

20 de septiembre de 2009

Hasta hace dos sexenios las reformas políticas polémicas que a iniciativa del ejecutivo se presentaban al congreso seguían un esquema de manejo muy peculiar aunque repetitivo. Presentada la iniciativa se sometía a estudio por las comisiones pertinentes en tanto los grandes líderes sindicales declaraban ante los medios de comunicación que tal iniciativa de ninguna manera pasaría. Ese era el primer acto.

 

Ante declaraciones tan contundentes la sociedad se tranquilizaba, lo cual daba espacio y tiempo a los magos de la política para que los líderes sindicales negociaran su final aceptación con o sin enmiendas, a tenor de las ventajas que pudieran obtener sea en recursos líquidos o en especie, es decir, curules, puestos estratégicos o empleos inútiles pero bien pagados. Se daba así el segundo acto.

 

Pasado ya el tiempo conveniente, la iniciativa polémica era aprobada por el pleno del congreso sin mayores declaraciones, en tanto, de haber necesidad, los líderes sindicales anunciaban medidas inmediatas, manifestaciones y protestas para salvaguardar el bienestar de la clase obrera y las conquistas de la revolución. En determinados casos podían formar parte del proceso las universidades estatales, lo que hacía suponer marchas estudiantiles, toma de camiones urbanos, pintas y quebradero de vidrios. De cualquier modo las reformas se hacían y el tiempo se encargaba del resto.

 

La posmodernidad ha cambiado las estrategias. Diluida la antes poderosa figura presidencial y con ella la preeminencia de los líderes sindicales, ahora el proceso se concentra en el congreso, espacio donde se debaten intensamente los intereses de los partidos, no necesariamente los intereses de la sociedad. Por lo mismo son los líderes de las bancadas los que hacen las declaraciones de antes, afirmando que tales o cuales iniciativas no pasarán, que nacieron muertas y sepultadas, que el bienestar del pueblo está por encima de todo, que los pobres son la primera preocupación de la nación. En tanto se desencadena la maquinaria de siempre, las negociaciones, el te doy y me das, y la búsqueda de los medios oportunos para que las reformas se aprueben, se modifiquen, se frenen o simplemente se rechacen, al margen del efecto que puedan tener sobre la población. En estas escaramuzas se van decantando, adicionalmente, las figuras en el congreso, se fraguan escalafones, se establecen alianzas, se identifica a los adversarios, se promueven candidaturas o se frenan, en fin, todo lo imaginable en el sinuoso mundo de la política a cuya construcción se dedican quienes tienen bastante bien asegurado el sustento diario de ellos y su numerosa clientela.

 

Pero porque el ser humano es un ser de esperanza, todavía cabe pensar que en un inusitado arrebato de congruencia desde el señor presidente de la República, hasta los mandos medios de todas las estructuras de gobierno se reducen a la mitad el salario y se lo congelan por el resto del periodo, que ante semejante loable ejemplo, los partidos políticos hacen lo mismo con sus percepciones descomunales, y todo ese enorme ahorro se invierte en la generación de empleos productivos y no simplemente en seguir inflando la nómina burocrática.