ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Fe, esperanza y caridad

18 de diciembre de 2011

Les llaman virtudes teologales pero también son dones. La fe es la convicción profunda aunque razonable sobre aquello que no es evidente. La esperanza es la certeza dinámica de alcanzar una meta trascendente. La caridad es la tarjeta de presentación evidente e inmanente de la fe y de la esperanza que se tiene. Son virtudes y dones, actitudes del espíritu religioso y específicamente cristiano que han contribuido notablemente a la edificación de la cultura occidental desde el ámbito sobrenatural.

Sin embargo estas actitudes no pueden migrar al ámbito de la política. Instituciones, actores políticos y símbolos civiles de ninguna manera pueden ser percibidos por la sociedad bajo la luz de la fe, la esperanza o la caridad. A los líderes políticos no se les cree de antemano, con una postura de “fe”, se les pone a prueba, se les evalúa, porque se trata de personas evidentes. Frente a ellos y sus acciones no se responde con una actitud de “esperanza”, sino de exigencia concreta, no lo que harán sino lo que hacen o están haciendo. Se les elige no en base a promesas sino con base a compromisos cuyo cumplimiento condiciona su permanencia en el cargo. De estas personas no se espera que actúen con “caridad” sino con justicia, tampoco  hacer “caridades” forma parte de su función, a menos, claro, que las hagan con su propio dinero, no con el dinero público.

Nuestra sociedad sigue siendo altamente religiosa independientemente de la denominación a la que se adscriba, por lo mismo los actores políticos y sus asesores no dudan en favorecer un discurso aparentemente laico pero penetrado hasta las entrañas por una semiótica copiada desde el mundo religioso donde el candidato o el gobernante en turno se presenta como evocación de los reyes de derecho divino, rebosantes de compasión y de poder supraterreno para resolver todas las calamidades de la condición humana. Creer ciegamente en ese “carisma”, precisamente con una fe religiosa que no duda ni critica ni interroga, es la respuesta que se espera de este tipo de liderazgo; es también la respuesta que tendrán a lo largo de su mandato donde la “esperanza” será una y otra vez reenviada de un año al otro, de un sexenio al otro, de un partido al otro, de un candidato al otro, sin que haya posibilidad alguna de que se logre lo esperado, porque entonces ya no se podría vivir de “esperanza”, y es así como hemos aprendido a vivir, para fortuna de los incontables vividores políticos que en este país han sido.

Por otro lado, la caridad que en sede cristiana invita al perdón, a la comprensión, a la ayuda generosa y sincera, a dar a cambio de nada, funciona muy bien de la sociedad al Gobierno, y es así que se pervierte, pues libra a los actores políticos del debido escrutinio que debe ejercerse sobre sus acciones.