ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Frankenstein

23 de agosto de 2015

En el imaginario social, Frankenstein es básicamente un monstruo construido en laboratorio a partir de restos humanos de diversa procedencia. Este hecho ha permitido que el nombre se use para designar todo tipo de combinaciones grotescas, patológicas, y eventualmente criminales.

 

Desde la misma percepción social este tipo de creaciones no es admisible porque traiciona la lógica común o los valores de la identidad y la integridad que deben constituir a toda persona o institución. No obstante, la generación de esta clase de monstruos suele ocurrir con demasiada frecuencia, sobre todo en sociedades endebles, indecisas, inseguras con respecto a lo que son y a lo que quieren.

 

En nuestros tiempos la llamada “clase política” ha sido especialmente proclive a la producción de estos endriagos, en cierto modo el mismo político se ve a sí mismo como un nuevo Frankenstein, con una pierna tomada de la izquierda y la otra de los verdes, un brazo de la derecha y el otro del panal, un estómago insaciable y una cabeza cuadrada, mal cocida y desde luego hueca. El comportamiento de estos entes es consecuente con su identidad, son torpes para hablar, caminan como zombies, repiten todo el tiempo frases aprendidas, y son incapaces de actuar por sí mismos, a no ser que de pronto se rebelen contra sus creadores y el asunto acabe en hechos de sangre, como ha igualmente sucedido más de una vez.

 

La ausencia de administradores eficaces y políticos genuinos favorece el que las vacantes sean ocupadas por estos placebos, emanados de los partidos políticos, muchos con la experiencia de haber militado, muy convencidos, en varios de ellos, y decididos a seguir drenando las arcas públicas.

 

Ya están listos los nuevos lotes del modelo Frankenstein 2015-2018 tanto para los ayuntamientos con su proliferación cancerígena de regidores, como para los congresos, con su proliferación cancerígena de asesores, todos programados para sacar la mayor ganancia posible en los próximos tres años, con la garantía de que no tienen que desquitar el sueldo ni muchos menos dar cuenta del servicio que ostentan, al final sus cómplices del Congreso o de la Auditoría los exonerarán a todos.

 

Ah, pero esta vez tenemos en Jalisco un candidato independiente triunfador¡ Será desde luego el diputado incómodo, el testigo cualificado de lo que en ese espacio se maquine, un legislador maniatado por leyes que permiten su existencia pero no su acción, un representante electo verdaderamente por la ciudadanía, sitiado por los partidos, aterrados de que el fenómeno se repita y se multiplique hasta volverlos finalmente innecesarios, sin duda toda una experiencia y una enorme expectativa de lo que puede hacer una comunidad consciente y participativa.

 

En el país hay por lo menos otro caso aparentemente similar, el llamado “Bronco”, pero con una sustancial diferencia, el diputado independiente de Jalisco ni es tránsfuga de tales o cuales partidos, ni tampoco es producto de la empresa, tiene así la cualidad o el defecto de carecer de las mañas partidistas, de los viejos compadrazgos, o de los nuevos compromisos. Muy pronto sabremos los resultados de esta novedad.