ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Ganar y gozar

1 de marzo de 2009

Seguramente son muchas y muy diversas las explicaciones que pueden darse al clima de violencia que vivimos en este país, pero de todas las causas que se manejan convendría detenernos a pensar si todo esto que vivimos no es parte del mismo sistema cultural que hemos construido en los últimos años.

 

A lo largo de los tiempos el ser humano siempre ha tenido necesidad de darse razones para vivir, integrándolas dentro de esquemas más o menos equilibrados en orden a su misma naturaleza. La creatividad, la afectividad, la recreación y la espiritualidad han sido como los cuatro pilares que soportan al ser humano y a la misma civilización.

 

Obviamente no siempre se ha logrado el equilibrio, y dependiendo del factor que se haga ominosamente dominante serán los resultados. Si nos atenemos a la percepción que muchas personas tienen hoy día acerca de las razones para vivir, pareciera que todo se reduce a pasársela bien el mayor tiempo que sea posible. La recreación, el descanso, la diversión de ninguna manera están reñidas con el ser humano, a menos que se vuelvan el factor dominante que acaba oscureciendo las otras dimensiones referidas.

 

Pero para divertirse se necesita dinero, y más dinero para en verdad pasársela muy bien. De ahí que haya nacido y esté en continua expansión toda una industria del tener, del poseer, del divertirse, del prolongar la diversión, de ahondar la sensibilidad, de profundizar el goce a través de todo tipo de recursos, hasta hacer estallar las propias posibilidades del cuerpo y que se rompa el alma en mil añicos.

 

Ahora bien, hasta donde sabemos el dinero solamente puede obtenerse de dos formas, o trabajando o delinquiendo. Ganarse la lotería, heredar de un pariente rico, o hallarse un tesoro son hermosas utopías de beneficiarios muy restringidos. Trabajar para poder divertirse es por otra parte un asunto complejo. ¿Cuántos salarios mínimos se necesitan para divertirse con la plenitud que promueve hoy la nueva cultura del consumo? El problema adicional es que no hay tiempo, ahora la vida dura menos, lo que dura la juventud, se hace entonces indispensable buscar alternativas, una de ellas es la delincuencia que paga bastante bien, mucho mejor que la empresa, aún si se corre el riesgo de amanecer encostalado, pero eso sí, bien divertido, ésa era la finalidad de la vida, gozar, pues ya se agotó y deja como herencia al mundo simplemente nada.

 

Es preocupante entonces advertir el increíble número de personas involucradas hoy día en esta grave situación, desde los manifestantes ciudadanos del Norte, quejosos pagados contra la actuación del Ejército, la cantidad de arrestos hechos aquí y al otro lado, la incapacidad de los reclusorios para alojar a tanta gente, los narcomenudistas que son como hormigas en estampida, los mucho más numerosos consumidores de todo tipo de estimulantes para seguir gozando, estamos llegando a un punto en que cada ciudadano necesitará un soldado que lo vigile, sea para que no delinca o para que no sea víctima de la delincuencia; ¿acaso gozar se ha vuelto más valioso que vivir?