ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Gobernar Jalisco

8 de noviembre de 2009

No creo que Jalisco sea un Estado especialmente difícil de gobernar; como en todas partes, la sociedad siempre mide a sus gobernantes, como lo haría una fiera con respecto a su domador. La fiera que somos analiza siempre su entorno, se agazapa, se somete o se rebela, tal vez accede, pero calcula siempre sus pasos, palpa el terreno, olfatea los vientos, es domesticable, pero impone condiciones.

 

El Gobierno por su parte debe desarrollar también su estrategia, pero más ceñidamente, pues actúa como aval de las instituciones, no está ahí jamás para hacer su voluntad, por más que busque orientar la voluntad de la ciudadanía sobre sus planes y propuestas.

 

Cuando se rompe el entendimiento o fracasan las estrategias, o interfieren otros actores para dificultar los procesos, tarea que suelen llevar a cabo todos los intereses disparados que puedan darse en la comunidad, gobernar se vuelve dramático.

 

Entonces las villas panamericanas se vuelven ambulantes, y donde quiera que se quiera edificarlas, brotan los obstáculos como la mala hierba, excepto si el terreno elegido se ubica en Marte. Lo mismo le ocurre al puente atirantado, a las banquetas de avenida Vallarta, a la remodelación del Centro tapatío y a cuanta iniciativa buena o mala tenga lugar en este Estado.

 

Si para añadir tensión al asunto se suma el que no pocos proyectos son un verdadero disparate, entonces se aclara la polémica del Río Verde–Arcediano que en términos simples se traduce en aguas limpias para Guanajuato y sucias para Guadalajara-. Y como quien lanza una locomotora desbocada, así se lanza también la línea dos del Macrobús sobre el ya de por sí desvencijado Centro Histórico de la capital tapatía, por medio de un recurso semejante a lo que los franceses del tiempo de Luis XIV llamaban, “decisión de cama”, dicho de otro modo, “porque lo mando yo”; cualquiera que se oponga será clasificado entre los chicos malos, sobornados, manipulados y presionados por líderes camioneros, que desde luego, aprovechan el río revuelto.

 

Conciliar intereses, suscitar ideales, unir fuerzas, exige coherencia y propuestas inteligentes por parte del Gobierno, así como honestidad y sentido cívico por parte de la ciudadanía, realidades que se han ido dando en otros estados del país con resultados admirables; aquí todavía no se observan. No pocos grupos de poder en Jalisco siguen apostándole al fracaso del Gobierno aún si para ello haya que hundir más a Jalisco, pero también el Gobierno parece muy empeñado en hacer su voluntad, como si en lugar de representar y servir a la ciudadanía la hubiese suplantado, ignorando tal vez que muchas de sus obras, si se empeña en realizarlas, serán un monumento perenne y ojalá efímero, de una gestión incorrecta y desastrosa para el partido en el poder, pero sobre todo para la sociedad jalisciense.

 

Nada nuevo por desgracia, Guadalajara y Jalisco están llenos de obras inconclusas, abandonadas o malhechas de sexenios anteriores, cableados de trolebuses jamás usados, machuelos de ciclovías que nunca se terminaron, correcciones a proyectos costosos e inútiles ¿todavía por cuanto tiempo más?