ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Gobernar para perpetuarse

15 de diciembre de 2013

Porfirio Díaz advirtió lo difícil que resultaba lograr una meta de Gobierno en cuatro años, con el riesgo de los golpes de Estado, la Hacienda en bancarrota y una sociedad dividida por cincuenta años de guerras. Así que traicionó su propio Plan de la Noria y en cuanto pudo logró que el Congreso legitimara la reelección, primero alternada y luego sucesiva.

 

El haber obtenido resultados positivos y evidentes justificó ante la opinión pública estos movimientos, la inercia hizo el resto cuando ya no hubo resultados. Actualmente se habla con frecuencia de la necesidad de gobiernos más largos o de la reelección al menos para ciertos puestos, como alcaldías y diputaciones, propuesta ya avalada por las cámaras. Desde luego los partidos políticos están ávidos de perpetuarse también ellos como los proveedores exclusivos de candidatos para todo cargo público, no siempre para garantizar un proyecto de gobierno y de nación, sino sólo para mantenerse en el poder y obtener sus beneficios.

 

Generar complejas estrategias para fortalecer el viejo esquema de partido único, que siempre gane, no es la mejor manera de conservar la exclusiva. Tampoco funciona invertir en una magnífica mercadotecnia que anuncia todo el tiempo que el país prospera y se mejora en todas las áreas, cuando la ciudadanía sabe y le consta que no es así. Acudir a las añejas prácticas de amordazar personas, instituciones, medios de comunicación, o sobornarlas con cargos o despensas, para que digan solamente lo que abone a la estrategia de perpetuación partidista siempre acaba por fracasar.

 

Los partidos que actualmente gobiernan o definitivamente advierten que no pueden con la carga y por tanto se empeñan en simular que sí, o neuróticos por el afán de volver a ganar no se dan cuenta de que sí podrían hacer las cosas bien, y no lo hacen.

 

A un año de múltiples nuevos gobiernos, en lo federal y estatal, la ciudadanía comienza a advertir la puesta en escena de recursos ya antes usados pero en un escenario distinto que para nada los justifica hoy día, piensan que la sociedad es la misma, que el poder de la comunicación de hoy es el mismo que en los tiempos del Presidente Echeverría, incluso hay quienes pretenden volver a sacar del basurero las ideologías miopes del pasado que tanto dañaron al planeta.

 

Esta distracción del Gobierno explica en buena medida la abundancia de fuegos encendidos de lado a lado del territorio nacional, y la decisión muy discutible de seguirlos prendiendo antes de apagar los que ya existen. La crisis del ambulantaje no es privativa de Guadalajara, es la expresión más evidente del choque entre contribuyentes cautivos y comercio informal, en tanto que el comercio informal es la prueba irrefutable del fracaso de la economía nacional, del avance de una economía excluyente que genera por todas partes expulsión de personas y favorece decisiones dramáticas, por ejemplo optar por la delincuencia.

 

Corremos el riesgo de que las múltiples fogatas se alcancen unas con otras y todo se incendie: maestros en plantones, campesinos bloqueando caminos, pueblos desterrados por la delincuencia, desempleo, empresarios y trabajadores molestos con las reformas, ciudadanía harta de diputados y regidores, comerciantes en quiebra por causa de manifestantes y competidores desleales, autodefensas rurales, territorios en manos de cárteles… El Gobierno deberá mostrar que puede contener los tantos frentes que ha abierto directa o indirectamente, pero lo debe mostrar ya.