ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Gobierno en apuros

17 de enero de 2016

La ausencia de un ejercicio político inteligente y honesto, sumado a la falta de una ciudadanía crítica y propositiva trae como consecuencia una serie interminable de corruptelas y descalabros.

 

Todo indica que el gobierno en este país, en cualquiera de sus niveles, ha caído en manos de un cúmulo de asesores cuya tarea específica no es enseñar a gobernar, sino a sobrevivir en el cargo, pero aún esto lo cumplen desde un escritorio cada vez más lejano de la realidad, apoyados en hipótesis totalmente discutibles.

 

Esta clase de asesores considera que lo importante son las apariencias, porque leyeron u oyeron que alguien dijo que “lo que parece es la verdad que importa”. Por lo tanto le han estado apostando a la formalidad de los vestuarios, los escenarios y los discursos contundentes y bien timbrados.

 

Igualmente sostienen la importancia mediática de las cortinas de humo, que hace al Gobierno navegar por donde le apetezca, encubrir sus fracasos, o estratagemas, por medio de golpes publicitarios, escándalos triviales, o éxitos irrelevantes.

 

Los supremos consejeros del gobierno le apuestan también a las alianzas con quién sea y del modo que sea: partidos, empresarios, sectas, medios de comunicación, siempre y cuando aseguren el fin supremo de sobrevivir en el presupuesto por 3 o 6 años, y de ser posible, brincar a tiempo hacia otros nuevos periodos.

 

Y es que en este arte de aparentar que se gobierna tiene mucha importancia fomentar el olvido, la amnesia social, el no me acuerdo, tarea para la cual cuentan con el extraordinario mundo del espectáculo, lo mismo se trate de traer a Madona que de montar pistas de patinaje, o dramáticos programas de televisión abierta para las masas, o de televisión al estilo netflix para quienes gustan de enajenarse a mayor costo.

 

No se requiere gran esfuerzo para imaginar el costo que tiene para la ciudadanía tan crecido número de asesores, así como lo que cuesta poner en práctica sus elevados consejos. Parte del absurdo político mexicano es que la clase dirigente no advierta que le saldría más barato gobernar bien, sin tener que dilapidar tantos recursos para sólo aparentarlo.

 

Pero tal vez la crisis de los partidos, hasta ahora responsables exclusivos del tipo de gobernantes que tenemos, sea la crisis de toda la nación, de pronto incapaz de generar el tipo de personas que la realidad mexicana requiere, no para dar la impresión de que estamos saliendo de nuestros problemas, sino para salir de verdad.

 

La devaluación de la moneda mexicana, la carestía creciente de la vida, la delincuencia imparable, la corrupción que todo lo invade, el desempleo y la falta de empleo bien renumerada, la desintegración social, la enajenación galopante, las grandes tragedias nacionales, reales y hasta ahora sin respuesta creíble, no se resuelven con golpes mediáticos tipo “Chapo”, solamente se distraen. Este tipo de “noticias” no son sino parte del problema, un gobierno que, incapaz de dar resultados positivos, aparenta que lo hace con acciones concertadas, irrelevantes para solucionar los problemas que vivimos.