ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Guadalajara 2010

14 de febrero de 2010

Cuando arbitrariamente decidió Porfirio Díaz celebrar el primer centenario de la Independencia de México, once años antes de que ésta realmente ocurriera, se desató por todo el país una gran euforia celebrativa. Guadalajara desde luego se sumó a los eventos pues sumada estaba al gobierno porfirista por la gratitud de quienes habían recibido del señor Presidente el honroso cargo de gobernar a Jalisco.

 

La Guadalajara de aquel centenario había crecido mucho; rebasando sus límites virreinales, se extendía más allá de la actual avenida Belisario Domínguez, por el oriente, y más allá de la actual avenida Chapultepec por el poniente. Al norte se acababa en la calle de Hospital, y al sur en la hoy avenida Niños Héroes. Antiguos pueblos como Analco y Mexicaltzingo formaban ya parte de la ciudad, salvándose apenas el de Mezquitán.

 

La Guadalajara del bicentenario ha crecido muchísimo más, pues ya no se trata de rebasar calles, sino de incluir municipios. En efecto, Guadalajara es hoy día una ciudad con cuatro municipios: Guadalajara, Zapopan, Tlaquepaque y Tonalá. Por si fuera poco la concatenación urbana ya incluye el municipio de Tlajomulco y en buena parte el Salto y Juanacatlán. La ausencia casi total de planeación urbana o por lo menos de su aplicación, ha provocado el hecho lamentable de que muchos pueblos indígenas del valle de Atemajac hayan sido simplemente devorados por la mancha urbana y estén a punto de desaparecer pues no hubo una inteligencia previsora que rodeara sus recintos por lo menos de avenidas lo suficientemente amplias como para conservar los cascos de dichas poblaciones de manera clara y distinta. En ese tránsito se encuentra Tetlán, Zalatitán, San Gaspar, Coyula, San Juan de Ocotán, en tanto han sucumbido los pueblos de Huentitán el bajo y el alto, San Andrés, Mezquitán y otros más.

 

Esta Guadalajara de hoy se halla fragmentada seriamente en la conciencia de sus ciudadanos, pues mientras que para unos la ciudad es su centro histórico, para otros, la ciudad es sus abundantes y dispares plazas comerciales, sus periferias ajenas por diversas razones a la identidad originaria de los tapatíos, o sus incontables antros. No es que haya muchas Guadalajaras, en realidad sólo puede haber una si queremos conservar la identidad. Aún si esta única ciudad es multiforme y semeja una especie de zona museográfica étnica y social, la Guadalajara de siempre debe seguir operando como agente de integración, no tanto una sociedad que al globalizarse se funde en el marasmo mundial, sino más bien una sociedad regional que al identificarse se constituye en aportadora en el proceso globalizador y no en mera comunidad mimética, privada de personalidad y de sentido.

 

La Guadalajara del 2010 inicia su año 468 no sólo con nuevas autoridades municipales, sino además, con el retorno del partido que la gobernó por décadas y que había sido relevado por quince años, suficientes para que el partido que vuelve se hubiese regenerado y el que sale acepte las razones ciudadanas de su derrota ¿ocurrirá este prodigio de las sociedades pensantes?