ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Impuesto a la mariguana

24 de abril de 2016

Venga a conocer el nuevo mercado Corona, no es precisamente el Georges Pompidou de París, pero en cierto modo lo evoca por su capacidad de contrastar tan contundentemente con el estilo arquitectónico dominante en su entorno, lo cual es un hecho, sin meternos a calificarlo.

 

Resurgiendo de sus cenizas como lo ha hecho ya en otras ocasiones, el mercado tiene tres pisos y por lo menos dos sótanos para estacionamiento, si bien hay un tercero que dicen es la cisterna del mercado o una piscina bajo techo. Al estacionamiento se puede ingresar desde el túnel de la avenida Hidalgo, a menos que le ocurra lo mismo que al proyectado ingreso a Plaza del Sol desde el túnel de la avenida López Mateos, que no ha entrado en funciones para evitar que el propio túnel se congestione en una eventual cola de autos esperando ingresar.

 

Tiene el mercado algo parecido a un patio interior, entre romántico apelo a los patios tapatíos o mera inspiración de las modernas plazas comerciales. La distribución de los locales es algo radial, y la balconería de los pisos superiores ofrece buenas vistas del Centro Histórico.

 

Es también el primer mercado popular de Guadalajara con escaleras eléctricas, que arrancan o desembocan en una nueva plazuela edificada sobre el túnel vehicular, donde, como es justo, ha vuelto a posar la estatua del “Amo Torres”. Lo que no sabemos es donde fue a parar la balaustrada de cantera de la plazuela anterior junto con las célebres portadas y sus macetones, cuyo valor es por lo menos el de la antigüedad, elementos que el anterior mercado conservó como un lazo de consanguinidad con su pasado.

 

Dominan los locales de comida, pero también hay puestos de loza, verduras, fruta, carnicerías, cremerías, flores, cestería, ropa y por supuesto, santería. En estos últimos no solamente hay comerciantes vendiendo productos mágicos, sino también chamanes que quitan salaciones, ayudan a conseguir trabajo, a conquistar amores o penalizarlos, junto con yerberías de diversa índole.

 

Es importante y aún urgente que venga usted pronto si quiere conocer un mercado todavía con los pisos limpios, pues usuarios y locatarios ya hacen su esfuerzo por recuperar el tiempo perdido y darle a sus pisos la misma pátina que ostenta el mercado de San Juan de Dios, y que parece ser como la característica de esos ambientes. También porque el tiempo tiene su precio y antes de lo que uno imagina, la postal del día de la inauguración pasa a mejor vida, por esa tendencia nuestra a no dar mantenimiento a las cosas.

 

La historia de la construcción de este mercado es asunto aparte, pues muestra de lado a lado la idiosincrasia de las obras públicas en costos, estilos, materiales, responsabilidades, acciones y omisiones, tiempos de entrega, fallas de cálculos, remedios para las fallas, prisas, improvisaciones, protestas, arreglos, y de pronto un conato de incendio casi apagado a soplidos, con la emoción de las escaleras de emergencia bloqueadas, y nula capacitación sobre qué hacer en casos semejantes. Nula revisión también acerca de las condiciones de operación de los locales, sobre todo cuando manejan inflamables.