ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿Irán por Irán?

17 de octubre de 2011

Como un cuento más de las mil y una noches suena la policíaca historia del complot iraní contra nuestros amables vecinos del norte. Claro, el relato carece de la imaginación, belleza, rigor lógico, inventiva, y fantasía de aquellos cuentos. Sabemos que Irán ha protestado por este asunto pero ignoramos si en su protesta incluye algún párrafo en defensa de su inteligencia.

Es extraño que los medios de comunicación occidentales primeramente nos acostumbren a pensar y creer que los organismos islámicos, públicos o clandestinos, poseen recursos, estrategias, vínculos, y agentes de primer nivel, y luego suceda que de pronto, un emisario de aquellos oscuros poderes, estando ya en Estados Unidos, tenga la ocurrencia de venir a México a buscar sicarios, como si éstos se exhibieran en aparadores, anuncios de periódico o páginas de Internet, pero sobre todo como si en aquel país no los hubiera y en crecido número, con todo un inimaginable arsenal de armamentos en espera del mejor postor, lo mismo si se trata de un loco que quiere balacear prójimos en escuelas o salones de belleza, que de narcos latinos con los bolsillos repletos de dólares.

Pero lo más sorprendente del asunto, lo más cómico del pésimo relato, es que el desafortunado agente iraní haya topado ni más ni menos que con un agente encubierto de allá mismo. ¿Quién lo puso en contacto? ¿Qué perfil traía del sicario mexicano? ¿Jamás pensó que pudiera topar con un embuste? ¿Se lanzó a contratar al primer malandro que le presentaron, con tal que tuviera bigotes de morsa y mirada turbia? Tenemos que admitir que de ser cierto, andan muy mal las cosas en Irán; o ya no están capacitando como antes a su personal, o de verás traen la estrella volteada.

Desenredar esta nueva madeja no es por otra parte asunto tan difícil, basta tener a la mano primeramente un buen mapa y descubrir que Irán es un enorme territorio que separa dos posiciones importantes para los intereses mal llamados occidentales, Iraq y Afganistán ¿le suena a algo? Lo segundo que hay que tener es buena memoria, para recordar que la invasión de estos dos países nació de leyendas todavía más burdas, que el respetable público norteamericano admitió sin más. Entre localizar armas de destrucción masiva, como el paradero del diabólico Bin Laden, que tan buenos servicios les había prestado anteriormente, se les han pasado ya bastantes años; las armas todavía no las encuentran, y a Bin Laden lo mataron y sepultaron en las aguas del océano antes de que persona alguna pudiera tomarle la foto del recuerdo, pero poniendo en la mira a Pakistán.

Finalmente hay que observar nuestro involucramiento como un Cantinflas en película extranjera, y no ignorar las declaraciones del vaquero tejano, que como en los tiempos del viejo Oeste, quiere mandarnos ya no solamente armas, sino también quién las dispare con mejor tino.