ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Izquierda y Derecha

10 de marzo de 2013

Izquierda y derecha son los nombres actuales de tendencias humanas ancestrales. La derecha privilegia lo conocido, lo conquistado, la herencia, la certeza aquilatada por la larga duración, apuesta por la estabilidad y por el patrimonio recibido en todos los sentidos. La izquierda busca lo desconocido, lo que se puede conquistar, la herencia por hacer, el vértigo de lo inestable, la innovación, le apuesta a la creatividad, a la duda que despierta el deseo de saber más. La derecha y la izquierda son además tendencias sociales promotoras de valores, por encima de intereses.

 

Pero ambas llevan consigo la tensión de los extremos, de la radicalidad y la dictadura como recurso para que el bien, la verdad y la justicia triunfen. Los extremos por naturaleza no se detienen ante los medios, por el contrario, éstos están justificados por la “altura” de sus miras, lo mismo da entonces la “razón de estado”, la “seguridad nacional”, “la salvaguarda de las instituciones”, o la “dictadura del proletariado”, revolución que destruye una “seguridad” para imponer otra. Bajo ese amplio abanico de gradualidades militan personas altruistas cuya acción se va limitando en la medida que se extreman las posturas.

 

En los radicalismos también suelen militar sujetos mancos, que buscan en las formas fuertes lo que no poseen en su propia personalidad. El poderío exhibido en un desfile nazi o soviético, la coreografía deslumbrante, el atractivo de los uniformes, de las apariencias demasiado cuidadas, del vestuario homogéneo, lo mismo si es el estilo Mao, o el de los altos alzacuellos, ajustados, rígidos. La norma debe ser entonces absoluta, radical, exigente, estos tipos se sujetan a ella y gozan luego de sujetar también a los demás.

 

Hasta el presente solamente la democracia ha podido, relativamente, conjurar las tendencias mencionadas con un éxito mayor al de las monarquías, reconociendo el derecho que tienen a existir pero limitando su inclinación a los extremos. Esto no ha impedido que los radicalismos usen la casa de la democracia como una puerta de acceso a sus fines, para luego incendiarla con todo y las instituciones.

 

A nivel mundial las tendencias de izquierda y derecha con sus respectivos extremos, siguen presentes en todas las organizaciones sociales y en sus instituciones, sean monárquicas, jerárquicas, o democráticas; en el caso específico de la Iglesia esta tensión ha sido una constante de 20 siglos, la mayor parte del tiempo mantenida en equilibrio, pero con breves espacios de apertura a la izquierda y otros tantos de inclinación peligrosa a la derecha de la extrema derecha.

 

En ese espacio la lucha permanente del Espíritu ha sido alentar liderazgos que, sin desconocer las naturales tendencias humanas, eviten los extremismos que lo mismo desbocan que paralizan, dañando seriamente a los organismos y a las personas. En tiempos como los actuales, la expectativa de la comunidad católica es que la elección de los cardenales recaiga sobre un cristiano con extraordinaria capacidad de comprensión, creatividad, apertura y transformación, que capacite a la Iglesia para seguir contribuyendo positivamente en la construcción de un mundo mejor. Lo veremos en el próximo cónclave.