ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Jalisco nunca pierde

14 de julio de 2013

Hace algunos días especialistas en la materia advertían que pese al temporal de lluvias, la laguna de Chapala permanecía sin que se apreciara una mínima recuperación, esto debido a que su principal afluente, el río Lerma, no estaba aportando nada al vaso lacustre.

 

No es noticia nueva, sino mal permanente. La cuenca del río Lerma nace en el Estado de México y se acaba en el Estado de Guanajuato, aunque debería llegar a Chapala, si en este país se respetaran las leyes. Aunque hasta la fecha no se ha publicado el reglamento regulador de la Cuenca, establecido desde el 2012, se mantiene el acuerdo de que presas como la de Solís, la de Yuriria y otras nueve más, desfoguen hacia el lago de Chapala cuando su capacidad rebase el 80%. Las principales presas de este grupo ya están en esa condición, pero desde luego no cumplen su compromiso gracias a las corruptelas y manejos turbios tanto del Gobierno federal como el Gobierno de Guanajuato.

 

El reglamento mencionado trata además de regular todo el sistema de almacenamiento de la cuenca, en cuyo trayecto se pueden contar más de 500 embalses entre presas de todo tamaño y bordos, en su mayor parte construidos en la segunda mitad del siglo XX. Existen adicionalmente estudios bastante bien documentados en los que se demuestra que esta enorme cantidad de embalses no solamente ha perjudicado al lago de Chapala, sino que tiene un impacto ambiental bastante negativo en todo el entorno natural, así: disminución de selvas, matorrales y bosques a favor de terrenos agrícolas, siempre en expansión gracias a la abundancia de agua represada, lo cual ha generado riqueza a los propietarios, pero en contraparte ha producido una degradación ecológica de la cuenca de casi el 75%.

 

En principio parecería que se trata de una guerra de intereses entre los grandes propietarios agrícolas e industriales, sobre todo del Estado de Guanajuato, y los defensores del patrimonio natural que incluye el medio ambiente humano. En esta guerra Jalisco va perdiendo, pese a que de acuerdo a las leyes, en el uso del agua debe privilegiarse el consumo humano por encima del agrícola o industrial. No obstante, y para mayor vergüenza de un Jalisco sometido y traicionado por sus mismos gestores, se sigue construyendo precisamente en Jalisco una gran presa que llevará las aguas limpias del río Verde ni más ni menos que al Estado de Guanajuato, sin que autoridad alguna ni del pasado ni del presente haya mostrado un mínimo de dignidad o por lo menos de sagacidad a la hora de negociar agua por agua.

 

Ya en este renglón, resulta igualmente lamentable la indolencia social y la incapacidad regional para ajustarse a los reglamentos para el saneamiento de descargas municipales sobre el vaso lacustre. Las plantas se han construido en diversos puntos, pero al parecer nadie les explicó a las autoridades correspondientes que dicha maquinaria debía entrar en funcionamiento, ni tampoco nadie se ha ocupado de obligar su operación.