ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Juguete nuevo ¿dónde te pondré?

2 de agosto de 2009

Así reza un viejo refrán que expresa la actitud de los niños frente a un nuevo juguete. Guadalajara y su región siguen pareciendo eso para cuanta administración pasa por su territorio, pero también sigue pareciendo “el arca abierta, donde hasta el más justo peca”.

 

La Primavera, los Colomos, y ahora la Barranca, son indiscutiblemente un patrimonio ecológico de la ciudad tan valioso desde todo punto de vista que, o bien o no sabemos dónde ponerlo, o bien no sabemos de qué manera sacarle provecho, desde luego, provecho personal.

 

Ahí han estado algunos desde hace milenios, mucho antes de que la depredadora raza humana viniese, primero a admirarlos, luego a socavarlos.

 

Quienes vivimos aquí por lo común ya ni nos damos cuenta no sólo de su belleza sino además de su importancia para el medio ambiente que respiramos, hasta que aparece un vivo visionario con bastantes dólares en las maletas como para querer construir cabañas en la primavera, departamentos de lujo en los Colomos, o desarrollos de alto impacto en las orillas de la barranca.

 

Entonces si nos acordamos de que esos lugares existen, y vamos por una vez con los ojos abiertos a mirar lo que significa hoy día la prolongada ceja de la Barranca, invadida por asentamientos humanos irregulares, con una especie de periférico que se arruina apenas entramos al municipio de Guadalajara, zona Oriente; con un desorden constructivo impresionante, basura por todos lados, y un entorno social plagado de pandillas y vandalismo, todo lo cual revela que o nunca existió un plan de desarrollo sustentable e integral para esa extraordinaria y panorámica parte de la ciudad, o si existe debe estar arrumbado en sabrá Dios qué archivo muerto, razón que explica el que ésta como tantas otras partes de la zona metropolitana se vuelvan botín de oportunistas, de paracaidistas improvisados, o de ocurrentes administraciones que van dejando por todas partes los pegotes propios de un crecimiento sin orden ni proyecto.

 

Por esos lares habita el Zoológico de la ciudad, hubo hasta un Planetario cuya condición actual se ignora, se construyó un parque junto a la Escuela de Arquitectura, que de haber sido Escuela de Ingeniería, habría tenido mejor suerte, sobreviven los restos de dos antiguos pueblos absorbidos por la voraz mancha urbana, y populosas colonias que producen y padecen los efectos del fracaso educativo, de la desintegración familiar y de la inseguridad pública. Esta misma voracidad de los fraccionadores, en alianza perpetua con la administración pública en turno explica el espectáculo deprimente de la salida de Guadalajara por la carretera a Saltillo, suerte que muy pronto podrá seguir la salida a Colotlán, en tanto los planes de desarrollo para la zona metropolitana o siguen en lista de espera o simplemente no se les toma en cuenta, pues basta con que en una reunión de Cabildo del municipio que sea, se modifiquen las reglas, se alteren las leyes y “mundo hay te quedas”, que al cabo nosotros ya nos vamos, protegidos por la impunidad.