ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

Justicia creativa

26 julio 2015

Aunque suene mal, debemos admitir que la corrupción se ha vuelto un arte bastante complejo, siempre necesitado y asistido de una singular creatividad.

La fuga de Joaquín Guzmán es ya un tema bastante manoseado, pero no deja de ofrecer nuevas aristas a la hora de entender no la fuga en sí misma, sino lo que sucede a lo largo y ancho de nuestro país, las maneras tan exquisitas en que todo el sistema se organiza y procede para que las cosas se den de manera efectiva e impecable, particularmente cuando se trata de delinquir.

Una vez que ésta o cualquier otra persona es capturada, pasa de inmediato a ser parte del proceso judicial mexicano donde todo cuenta y donde todo puede prepararse de antemano para que las cosas sucedan bien para la justicia o para quien delinque. El sinuoso camino comienza con las autorizaciones legales para emprender tales o cuales maniobras, el levantamiento de actas, los procesos iniciales, la reconstrucción de los hechos, los plazos de ley y un sinnúmero de estrategias diseñadas para que hasta el más abusado se equivoque o el más listo se aproveche.

Decidir a qué penal se envía al detenido es ahora de singular importancia, ya que estos reclusorios pueden estar en manos de personal invulnerable o del todo perforado, en sitios perfectamente planeados, en entornos con tales o cuales condiciones aptas para dificultar o facilitar un escape, lo cual incluye decidir si el reo estará en la planta baja de la cárcel, o en el segundo o tercer piso, según quiera fugarse por un túnel o en un helicóptero.

Que los mal llamados centros de readaptación social estén asistidos por gente fichada no es asunto del azar, quienes los contrataron sabían de sus antecedentes y tal vez por eso mismo requirieron de sus servicios, noticia relevante que nos lleva a reconsiderar otros escenarios; clásicamente se afirmaba que el buen dirigente es juzgado por el personal del cual se rodea o del cual se aleja, que los líderes honestos se apoyan en personas de capacidad y experiencia, en orden al bien común más que a protagonismos personales, por lo mismo se podía pensar que los líderes deshonestos o de limitada visión buscan más bien el apoyo de sus cuates, aunque sean de escaso talento. Ahora podemos ya incluir una nueva categoría de líderes cuyo perfil no tiene nada que ver con inteligencia o capacidad, aquellos que se hacen ayudar de delincuentes a sabiendas de que lo son, sin duda con la aviesa intención de delinquir ellos mismos aprovechando que ya tienen quienes les hagan el trabajo sucio.

Claro, la nómina del penal de “El Altiplano” debe ser un caso excepcional que por los hechos quedó en evidencia; del asunto ya se ocupan los señores justicia, finalmente es mucho más fácil encerrar a los que ayudaron a la fuga, que recapturar al fugado, seguramente se trata de delitos menores que no incluyen la extradición e incluso hacen breve la pena por la expectativa de salir a gozar de los dividendos obtenidos.