ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La bella durmiente

17 de agosto de 2014

Por lo menos en dos cuentos de los hermanos Grimm, el nudo del relato lo constituye la ensoñación profunda en que cae la protagonista principal, víctima de venenos o maleficios. En esa misma trama juegan un papel especial actores secundarios, buenos pero incapaces de abatir el conjuro, y malos, muy capaces de favorecerlo. La solución es siempre ideal. Vendrá un príncipe azul que con un beso de amor despertará a la infortunada bella durmiente para proseguir juntos una vida de dicha y prosperidad.

 

Pero ¿qué ocurre mientras la bella joven duerme su sueño inducido? El pasado martes el ejecutivo del Gobierno federal promulgó finalmente las reformas en materia energética. El tema sigue siendo polémico, el manejo mediático oficial pésimo, y la mercadotecnia suena a charlatanería ya que las promesas de una baja tarifaria en estos rubros no está firmada, nadie sabe cuándo ocurrirá dicho abaratamiento, y no hay fecha de verificación; mientras el paraíso llega, los precios siguen subiendo.

 

No obstante la cuestión de fondo radica en otros aspectos, sobre todo en la indiferencia social frente a las decisiones que se toman en el país; sea por cansancio, decepción, indolencia o cualquier otro pretexto, la sociedad mexicana no logra subirse al tren de su propio destino, mucho menos aspira a tomar el control, éste sigue en manos de los intereses globales que han seducido lo mismo a los grandes empresarios que a la casta política mexicana históricamente preocupada sólo por sus aspiraciones económicas personales.

 

En cuanto a la oposición, partidista o sindical, acaba siendo la fiesta eterna de los zopilotes, criticando todo pero beneficiándose ampliamente del mismo sistema corrupto del que forman parte; a final de cuentas, quién que se beneficie de esta “dormición” social puede favorecer el final del hechizo?

 

Ni los animalitos del bosque, ni las hadas madrinas se han visto capaces de dar soluciones efectivas al caduco sistema político mexicano que sigue siendo el primer y el más perjudicial de los maleficios que destruyen a nuestro país. Tampoco los príncipes, sean azules, rojos, amarillos o variopintos, bien peinados o ejecutivamente vestidos, han dado resultado, lo que sí han hecho todos es enriquecerse con la promesa de que despertarán a la bella durmiente y entonces todos seremos felices.

 

Por de mientras, brujas y reinas envidiosas siguen distribuyendo sus pócimas que ya no son venenos o hechizos sino la adicción de las nuevas generaciones a todo cuanto pueda hacerlos escapar de la realidad, desde la telefonía celular de última generación hasta las drogas más destructivas, pasando por las infinitas noches de antro, los espectáculos masivos, las noches de milagros y la inacabable gama de remedios chamánicos fáciles para las situaciones más difíciles.

 

Sin duda que el poder de quienes controlan toda esta parafernalia exige de la participación de liderazgos intermedios en los ámbitos sociales, políticos, religiosos, educativos, culturales, laborales y deportivos con un perfil tan bajo que solamente cubran el puesto con la promesa de no hacer nada relevante, ese es el reino de los siete enanos, el peor de todos.