ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La corrupción como cultura

29 de mayo de 2016

Inglaterra fue sede de una cumbre anti corrupción. México envió como representante a un funcionario cuya presencia era ya todo un mensaje acerca de lo que el gobierno piensa al respecto. Ignoro cuál sea el grado actual de corrupción en la Gran Bretaña, sé hasta dónde han llegado en el pasado, pero es evidente por testimonio de muchos, que ellos sí han logrado ir superando su personal “cultura de la corrupción”.

 

El término suena a lugar común, es de esas frases acuñadas por alguien y luego repetidas por muchos sin siquiera detenerse a pensar en su significado. En nuestro país cualquier cosa que se cubra con el manto de lo cultural de inmediato se vuelve invulnerable, permanente, inabatible y hasta folklórico, por lo tanto digno de respeto, máxime si aporta dividendos.

 

Que una grave lacra social pueda convertirse en “cultura” solo puede explicarse si por cultura se entiende un estilo de vida, pero un estilo de vida basado en la corrupción, por muy cultural que suene, es aberrante. Desde que la humanidad existe el delito ocurre, eso es un fenómeno, de ninguna manera una cultura.

 

Que en todos los países se da la corrupción, es también un fenómeno, pero se da en diverso grado a tenor del grado de desarrollo de su sistema de gobierno, de su sistema de justicia y de la misma sociedad; el verdadero problema ocurre cuando el propio gobierno no solamente es parte de la corrupción sino que la convierte en su manera habitual de funcionamiento.

 

Que un funcionario del más alto nivel aparezca en diversas nóminas con los empleos más incompatibles, que use su poder para repartir prebendas entre todo tipo de personas ineptas, que abuse de sus subalternos con todo tipo de artimañas, y que actuar así les parezca de lo más natural y lógico, eso es haber llegado hasta el fondo de la corrupción.

 

No hay una cultura de la corrupción, la corrupción no puede ser ni hacerse cultura por muy común que sea, en todo caso lo que hay es un sistema de bandas delictivas escalonadas, que se protegen unas con otras, pero a eso no se le llama cultura sino mafia.

 

Tampoco podemos afirmar que haya en México un partido político particularmente corrupto, en todo caso hay partidos que por tanto tiempo han ahondado en la corrupción que ya sin ella les parece que no pueden operar, y esa realidad está a la vista de todos, también de sus propios colaboradores que todos los días viven la impotencia de tener que someterse al sistema, particularmente cuando cambia el partido en el gobierno y medio mundo es despedido con o sin méritos, porque el que llega trae el compromiso de pagar con chambas los apoyos o los afectos.

 

China logró constituirse en uno de los imperios más duraderos de la historia justamente porque estructuró desde la antigüedad un sistema de administración al que solamente se podía ingresar luego de prolijos exámenes, cualquier corruptela demostrada en el proceso se pagaba con pena de muerte, y ante el rigor inexorable de la sanción no había “cultura de la corrupción” que sobreviviese.