ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La corrupción religiosa

29 de marzo de 2015

En ningún ambiente la corrupción resulta más detestable que en el ámbito religioso, pues es precisamente en esos espacios donde no se le espera encontrar. Pero la corrupción es semejante a un virus latente que portan todos los seres humanos, y apenas se dan las condiciones, el virus se vuelve activo, sea donde sea.

 

De ahí la preocupación constante en las grandes estructuras religiosas para detectar, denunciar y combatir la corrupción cuando ésta se presenta. La religión judía ha sido en este punto emblemática no por la ausencia de corrupción, sino por su capacidad para enfrentarla y eventualmente abatirla, al menos por un tiempo. También las escrituras judaicas nos han dado testimonio de la honestidad y valentía con que han denunciado sin cortapisas los hechos vergonzosos que al menos en su pasado han ocurrido. Las corruptelas de sus célebres monarcas, la lascivia y perversidad de algunos de sus jueces, las intrigas y la capacidad para la calumnia y la difamación de diversos personajes bíblicos, pero sobre todo su capacidad para corregirse o atenerse a las consecuencias.

 

La corrupción religiosa ocurre independientemente del poder político o económico que pueda adquirir una determinada religión en el marco de la gran sociedad, pues estos poderes se dan ya de por sí hacia dentro de la misma comunidad creyente, pudiéndose generar rivalidades, luchas por el liderazgo, intrigas por el ansia de poder, competencia desleal para ocupar tales o cuales funciones o estar en tales o cuales lugares, sin que se escapen los intereses económicos más o menos relacionados con los cargos devengados, y la pus de toda corrupción, el servilismo.

 

Esta corrupción puede desde luego afectar a todos aquellos que en el grupo tienen la capacidad para otorgar cargos y promociones, y hacerlo no en orden a las normas sino a los intereses personales del que promueve; en este juego chantajean y se dejan chantajear. Los líderes igualmente pueden caer en la tentación de usar la información privilegiada que poseen para alterarla o manejarla para lograr objetivos perversos, para venganzas, acopio de recursos monetarios o encubrimientos de diversa índole.

 

No puede ignorarse que la muerte de Jesús, que en este día se recuerda en todas las iglesias, fue, desde la mirada humana, la consecuencia de una larga serie de corruptelas en la que participó una serie de personajes inmorales, sobre todo representantes del ámbito religioso, ya tan decadente que ahí donde se debería haber promovido la vida, se promovió la muerte, con tanto encarnizamiento que aún después de logrado el objetivo se pusieron guardias en la sepultura de modo que la vida no tuviese ninguna oportunidad.

 

Que las religiones nacidas para dar vida se transformen en maquinarias de muerte, que las religiones establecidas para erradicar toda corrupción, se corrompan generando ambientes envenenados, y que aún tantos de los que se dicen seguidores de Cristo más lo parezcan de quienes lo mataron, es una penosa realidad sólo explicable por la corrupción.

 

En lo que mira a la comunidad católica existe hoy una gran oportunidad en el liderazgo del Papa Francisco, ojalá no sea la oportunidad perdida.