ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La cuesta decenal

4 de enero de 2009

Concluyó el año 2008 sin que pudiéramos conocer alguna propuesta fundamentada y efectiva de la “inteligencia” jalisciense para enfrentar los efectos de una crisis mundial cuya solución se ha ido posponiendo cada vez a más largo plazo; así pasamos de los iniciales dos años, a los diez que actualmente se manejan como plazo indispensable para que el futuro vuelva a ser lo que antes era en materia de crecimiento económico.

 

A cambio de esa anhelada propuesta hemos podido observar una anacrónica esperanza en que los mecanismos del mercado, por sí mismos, resuelvan el problema, esperanza tanto más escandalosa cuanto que los más distinguidos analistas económicos del eje norte ya demostraron la falacia de tales expectativas; en la medida justa y en tanto se siga creyendo que el capitalismo neoliberal es la solución, la intervención del Estado ha sido indispensable aún en la cuna del libre mercado.

 

Pero eso no modifica la situación de pobreza cada vez mayor por la que atraviesa nuestra sociedad, cuya mayor parte debe arreglárselas para vivir con cuatro mil pesos mensuales, si no es que con menos. Esta realidad agravada por la crisis podría eventualmente paliarse si se estableciera un fondo de contingencia alimentado por el cincuenta por ciento del salario mensual que reciben todos los funcionarios públicos cuyas percepciones rebasen los setenta mil pesos mensuales. Y que fueran precisamente los funcionarios de estas características salariales los que renunciaran a la mitad de sus percepciones, se explica y fundamenta por una razón muy sencilla: el dinero que reciben viene del erario público, pertenece a la comunidad, y orientarlo en beneficio de los más pobres no es cuestión de caridad, sino de justicia; no estarían dando nada, sino devolviendo lo que en una época como ésta, no tienen derecho a percibir en tales montos.

 

Que los grandes empresarios podrían contribuir a ese fondo, está fuera de duda, pues si bien tienen razón cuando afirman que su riqueza, en la mayoría de los casos, es fruto de su esfuerzo y de su trabajo cotidiano y sostenido, sobreviviendo a las crisis endémicas de este país y a la persecución incesante de inspectores y burócratas de toda clase y especie, también es verdad que viviendo con mayor austeridad, aún si por ello pierden el glamour de la ostentación, renunciando a los costosos gustos de los que se hacen esclavos no pocas veces, podrían igualmente aportar ante la urgencia de mantener un país viable, y una sociedad sostenible. Ni la expansión de la delincuencia, ni un mayor desempleo, son escenarios deseables para México.

 

En este empeño tendríamos que involucrarnos todos, ciudadanos e instituciones tanto públicas como privadas, y el conjunto de la sociedad, ricos, pobres, marginados, clases medias; es claro que la “alianza” que Jalisco requiere ahora es de marcado carácter social orientado al desarrollo y a la creatividad como alternativa insustituible ante un escenario difícil, que se levanta ante nosotros como la gran oportunidad de construir un feliz año 2009.