ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La cuestión educativa

22 de marzo de 2009

¿Debe interesarse la sociedad en la educación de las nuevas generaciones? ¿Deben las nuevas generaciones aceptar esa educación?

 

La cuestión fue resuelta afirmativamente casi de manera espontánea e instintiva por la Humanidad desde la época primitiva, ya entonces descubrió las dos tareas fundamentales que debían cumplir las generaciones originantes ante las generaciones originadas, es decir, enseñar a existir y enseñar a sobrevivir. De la primera tarea se desarrollaron los valores, de la segunda la ciencia.

 

En la actualidad, la UNESCO establece como función de la educación un perfil que incluye conocimientos, habilidades, actitudes y valores. Un profesionista deberá entonces conocer toda la teoría sobre su área de especialización, misma que sabrá convertir en soluciones concretas a problemas específicos, para lo cual requerirá de actitudes pertinentes como sería el espíritu de investigación, la constancia en el trabajo, la capacidad para el esfuerzo o el manejo de la frustración, pero también deberá tener una serie de valores muy concretos que lo impulsen a desarrollar su trabajo profesional con responsabilidad, veracidad, honestidad. La misma UNESCO habla también de los saberes que debe generar todo proceso educativo, y mucho llama la atención que entre esos saberes se incluya el saber relacionarse y el saber vivir.

 

No obstante las nuevas generaciones, a las cuales al parecer lo que diga la UNESCO les tiene sin cuidado, presionan permanentemente para que todo proceso educativo se limite al dominio de conocimientos y habilidades, nada que ver ni con valores, ni con actitudes, nada acerca de aprender a vivir o a relacionarse. Estos temas pretenden resolverlos de manera personal, a tenor de la socialización de modelos de vida que promueven los medios de comunicación, particularmente la internet, y que en su mayoría son modelos de vida resultantes de la presión que los países industrializados ejercen sobre sus poblaciones. Aparentemente se educan solos, pero en realidad se están dejando educar por sistemas sin rostro y sin nombre.

 

En buena parte esta realidad explica el que nuestra sociedad pueda generar notables profesionistas expertos en la teoría de las ciencias y en las habilidades que conlleva, pero carentes de las actitudes que conlleva, o bien, dispuestos a vender sus conocimientos y habilidades al margen de cualquier compromiso ético, pues el modelo de vida que aprendieron a partir de la vida desastrosa de sus artistas predilectos careció de esa importante dimensión de la educación humana.

 

Por lo mismo, y en beneficio de la propia especie, la sociedad no debe renunciar a ese deber fundamental que tiene de enseñar a vivir, con las mejores actitudes y los mejores valores a las nuevas generaciones; ello supone desde luego no una simple determinación, sino además toda una pedagogía que ayude a los jóvenes a descubrir y luego asimilar el patrimonio que la Humanidad ha concentrado en ese mundo fundamental de los valores y los principios, columna vertebral de la civilización y condición sin la cual no puede haber garantías para promover una forma de vida plenamente humana y trascendente.