ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La diócesis de Guadalajara

12 Julio 2015

Mañana 13 de julio la diócesis de Guadalajara cumple 469 años de fundada. La presión de los tiempos presentes impide deleitarse en las glorias del pasado, y aplicarse más bien al análisis de los retos actuales y las condiciones en que estos pueden o no enfrentarse con algún éxito.

Antes de lo imaginable pero no de lo predecible, la religión entró a formar parte del mundo capitalista y competitivo que cifra el presente y el futuro de toda institución en su capacidad para dar respuestas rápidas y eficaces a los nuevos requerimientos que el hombre contemporáneo enfrenta en cualquier campo, desde la satisfacción de las necesidades primarias hasta el de las más sofisticadas. A los líderes de la Iglesia les ha sido difícil no sólo entrar en este espacio cultural sino incluso comprenderlo; ubicarse en la línea de las respuestas pertinentes permanece como un reto aún mayor.

La diócesis de Guadalajara con 469 años a cuestas había venido desarrollando sin embargo un papel bastante dinámico e incluso pionero en diversos aspectos y casi en todas sus épocas. Esta capacidad para escuchar, discernir y responder con éxito tuvo en el siglo pasado exponentes muy destacados en la persona de los arzobispos José Garibi Rivera y José Salazar López. Este último anticipaba ya las grandes líneas que el actual pontífice Francisco ha puesto en la palestra universal: sencillez pero no simplicidad, austeridad de vida pero plena de generosidad, espíritu evangélico por encima de la mundanidad siempre tan plagada de ambiciones con su corolario inevitable de intrigas y políticas terrenales; de trato amable y comprensivo, fruto de un interés genuino por las personas que nunca fueron meros números o simples nombres, mucho menos seres humanos reducidos a la condición de problemas o posibilidades, y desde luego, una disponibilidad inmediata, de 24 horas, para la atención y el servicio. Su fallecimiento el 9 de julio de 1991 dejará una prolongada vacante.

En el momento presente la diócesis de Guadalajara sigue haciendo esfuerzos para mantener una acción que realmente transforme la mente y las motivaciones del ser humano, sólo que esta acción supone un compromiso más de comprensión que de juicio, más de diálogo que de choque, más de inclusión en el universo social que de auto exclusión, más de tender puentes que de fabricar nuevas barreras, más de comunicar vida que de encapsularla, más de aprender que seguir hablando en lenguajes que ya no se entienden.

En el siglo XVI los misioneros llegados a América se convirtieron en defensores de derechos que nadie había considerado, cuestionaron los derechos que todo mundo daba por sentados, y así adquirieron el derecho a la posteridad; de esta manera una nueva doctrina religiosa que los indígenas comprendían a medias, les quedaba suficientemente clara cuando la veían reflejada en el estilo de vida y acción de aquellos singulares misioneros. La diócesis de Guadalajara deberá entonces recordar no para gloriarse, sino para de nuevo ubicarse en los caminos que sí llevan a la vida y reconquistar otra vez su derecho a la posteridad.