ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La épica magisterial

15 de mayo de 2016

No todas las épicas acaban en triunfo o tragedia, con frecuencia son relatos de subidas y bajadas que se pueden prolongar al infinito, como los relatos chinos del rey mono.

 

En el México postrevolucionario la labor educativa ha conocido etapas de esplendor y decadencia, e incluso de corrupción galopante. La inversión económica de la nación en este rubro ha sido habitualmente enorme lo cual no ha librado al país de seguir apareciendo en el último lugar en calidad educativa entre los países que conforman la O.M.C. Ante esta evidencia es pasmosa la postura de la Secretaría de Educación Pública que lejos de asumir el problema con todas sus aristas, gira la orden de ya no reprobar en los exámenes escolares, para de este modo subir en la escala evaluadora mundial.

 

No obstante la impunidad, la corrupción, el sindicalismo magisterial, la politización partidista, la degradación del magisterio en vandalismo oaxaqueño o guerrerense, la vocación educadora no se ha perdido en el horizonte de innumerables mexicanos que en todas las entidades federativas siguen siendo valiosos modelos en el esfuerzo cotidiano de construir a la sociedad desde los procesos de enseñanza – aprendizaje, en todos los niveles y grados del sistema educativo.

 

Hoy se busca profesionalizar la carrera magisterial, lo cual puede leerse desde una mayor acumulación de títulos e ingresos, hasta una genuina búsqueda de mayores y más eficaces conocimientos, así como la capacidad para transmitirlos, siempre desde una plataforma de investigación consolidada, donde el educador educa desde el éxito en su propia carrera, desde la investigación que hace prosperar el conocimiento en la materia que imparte, o desde la sola capacidad avalada y comprobada de transmitir enseñanza actualizada de la mejor manera.

 

Aunque todo esfuerzo de superación debe ser acompañado de un mejor ingreso, tenemos que admitir la necesidad de una nueva socialización de la vida laboral que nos aleje de la esquizofrenia capitalista del enriquecimiento al infinito a costa de lo que sea; hoy día la sociedad del confort ha sido rebasada incluso por la viabilidad del mismo planeta incapaz de sobrevivir a la explotación que sufre.

 

En contraparte deberían valorarse otras formas de reconocimiento que incluyen hasta la revisión de los títulos y sus contenidos ¿es lo mismo maestro que profesor? En Alemania “profesor” es un título muy distinguido, se otorga a los grandes investigadores. En el mundo latino el título de “maestro” supone igualmente una elevada calidad educativa por parte de quien lo porta. Igualmente el catedrático no es simplemente el que va y da su clase, sino aquel que preside una cátedra porque ha mostrado por medio de la investigación y el debate su capacidad para presidirla.

 

En el México de los complejos patológicos esas distinciones se disuelven ante la sospecha de la odiada desigualdad, y todo mundo acaba siendo profe, maistro, ¿o facilitador? a tenor de los usos que estén copiando en lugar de crear e innovar los suyos propios. Las democracias subdesarrolladas acaban siempre igualando la mediocridad, desconociendo al que tiene la capacidad y suponiendo que la tiene el que carece de ella.