ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La filmotuta

28 de septiembre de 2014

Mientras las dependencias oficiales persisten en la ardua tarea de localizar a la Tuta, su empresa doméstica de grabaciones sigue dando mucho de qué hablar a todo mundo.

 

Evidentemente sus entregas son periódicas, lo cual genera el inevitable suspenso, la inquietud, la curiosidad morbosa de qué otros documentales habrá en su amplio haber filmográfico, qué personajes, qué partidos, qué políticos en funciones, qué empresas y de qué tamaño.

 

El fenómeno muestra en principio un escenario móvil de múltiples facetas. Don Tuta logró un poder de convocatoria extraordinario, cuanta persona fue llamada por él acudió sin demora, conversó desenfadadamente, en locaciones simples, sobre mesas de metal, en sillas de plástico, bajo tejabanes ordinarios, a plena luz del día, casi a media calle, con fondos de naturaleza pródiga, muy amigablemente, sin discursos preparados, sin ceremonia, sin protocolo, y seguramente sin darse cuenta de que estaban siendo grabados.

 

Solamente quien se ha adueñado de un territorio tan amplio, quien se ha constituido en el verdadero poder político y económico, en el auténtico dueño de un estado, puede recibir tanto respeto y acatamiento, y encima tributo pecuniario. Muchos fueron convocados ¿Cuántos pidieron serlo?

 

Los caballeros templarios han sido hasta el presente un gobierno alterno, también los zetas, la familia michoacana, y el cártel Jalisco nueva generación, entre otros. Han tenido a su favor incalculables sumas de dinero, impresionante armamento, su capacidad para reclutar efectivos es permanente, lo hagan por las buenas o por las malas; no puede decirse que gocen de impunidad, la negocian, la intercambian, la compran para luego venderla, saben moverse hábilmente entre poderes en pugna, si unos los protegen y otros los atacan o traicionan, tienen material de sobra para exhibir a unos y otros.

 

Los convocados o solicitantes han mostrado por su parte una candorosa ingenuidad, creyeron que habría un mínimo de lealtad, pensaron que dada la gravedad de los asuntos y su docilidad para colaborar, así fuera con paga, merecerían un mínimo de discreción.

 

La ciudadanía, si es que eso existe en México, tendría que preguntarse en cuántos otros estados del país estará ocurriendo exactamente lo mismo, adaptándose todos a un idéntico guion, compartiendo las autoridades oficiales con las no oficiales, pero más efectivas, el dominio del territorio, transitando de la cómoda sociedad anónima entre unos y otros, a una relación de vasallaje donde la delincuencia tiene el señorío porque tiene además, toda la información, también, todas las grabaciones.

 

Los prototipos Michoacán y Tamaulipas, Nuevo León y Guerrero, Morelos Chihuahua, y sabrá Dios cuántos más no dejan de gritar que algo bastante grave sigue ocurriendo en México, que si aún altos funcionarios públicos pueden ser asesinados a plena luz del día en las vías más transitadas, sin que nadie pueda impedirlo, es señal muy evidente de que nos estamos hundiendo mientras la televisión nos informa que no hay motivo de alarma, que el hundimiento está bajo control, que ya tienen pistas muy contundentes de los malandrines por más que nunca las tengan de quienes los contratan y les pagan.