ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La frontera sur

22 de agosto de 2010

Estamos tan indignados habitualmente por la forma en que se trata a nuestros connacionales en la frontera Norte, que se nos olvida la manera en que tratamos a nuestros vecinos de la frontera Sur.

 

El Sur de México, particularmente en la región de Chiapas, es casi la contraparte de lo que ocurre en el Norte, en primer lugar porque a México se entra y se sale por el Sur con la más increíble de las libertades, de día y de noche, a pie por los puentes, en llantas por el río, en autos y camiones, trocas y lo que sea. Esta frontera es ni más ni menos una verdadera coladera, pero también el ingreso a la peor de las trampas, al foso de los leones y a la madriguera de las víboras. Esa libertad  para entrar al país no podía ser tan desinteresada.

 

En efecto, el espacio geográfico del Sur es para los migrantes la más peligrosa de cuantas pruebas pueda enfrentar, pues está infestado no de guardias fronterizos uniformados, sino de redes y bandas de cazadores criminales, dedicados al robo, la extorsión, la violación y aun el asesinato de cuanta persona cae en sus garras, amparados por la impunidad y en ocasiones la complicidad de lo que por allá queda de autoridades. Desde luego para muchos inmigrantes es alentador saber que no es tan difícil cruzar a México, pero también saben que lo verdaderamente difícil es sobrevivir en nuestro territorio. Esta sobrevivencia sigue una escalada de peor a malo, y de malo a regular en la medida que se va avanzado hacia el Norte. Lograr entrar a Oaxaca ya es ventaja, pero su odisea no deja de ser incierta en tanto no llegan al centro del país. Nuevas pruebas y calamidades les esperan conforme se vayan acercando al Norte, mucho antes de toparse con los güeros norteamericanos.

 

Afortunadamente existen también en el Sur mexicano numerosas organizaciones civiles y religiosas dedicadas a la defensa de los migrantes, de sus derechos y de su dignidad, pero obviamente sus esfuerzos acaban siendo rebasados por la cantidad de personas que a todas horas están llamando a sus puertas, cuando logran hacerlo.

 

La mayoría de los migrantes del Sur llegan de Centroamérica, porque haber nacido en una geografía tan estratégica para los intereses mundiales ha marcado su destino de subdesarrollo político, social, educativo y económico; al parecer mantenerlos en esa condición favorece las prospectivas de futuro de las naciones poderosas, por más que empobrezca la vida de sus habitantes y los lance a la aventura tantas veces trágica de la migración por México hacia Estados Unidos. Mientras la sociedad mexicana se mantenga nadando en las pantanosas aguas de la incongruencia, de la impunidad y el relativismo de las leyes, difícilmente podrá exigir a otros que hagan lo que nosotros mismos no hacemos.