ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La guerra del agua

24 de mayo de 2015

De un tiempo a esta parte los ecologistas tapatíos habían estado estudiando con sumo interés el tema del agua. Pero luego de sesudas y prolongadas investigaciones llegaron a conclusiones del todo dispares. En el planeta tierra el agua es como la materia, ni nace ni se destruye, sólo se transforma, o en otras palabras el agua que hay existe desde siempre y siempre existirá. O bien, el agua se acabará produciendo una crisis mundial y la extinción de la vida.

 

Para equilibrar tales puntos de vista se reunieron con los amantes de lagos, lagunas y humedales, donde severos hombres de ciencia explicaron que las concentraciones de agua son cíclicas, es decir, ahora están y mañana quién sabe.

 

Deseosos de explicaciones más contundentes convocaron a los meteorólogos para entender la estrecha o ninguna relación que se da entre los cambios atmosféricos, la temperatura de los océanos, la dirección de los vientos y las corrientes marítimas, o sea, si es el niño o es la niña, la pinta o la santa María. Estos atentos analistas de la atmósfera desde la universidad pronosticaron ciclones de inaudita violencia, mientras que otros de igual vocación pero distinta sede, predijeron una sequía catastrófica.

 

Hundidos en la incertidumbre de las certezas científicas y sus contradictorias y bien fundadas afirmaciones, estaban ya decididos a convocar expertos de latitudes más lejanas, cuando se les acabó el agua en la pequeña mansión donde realizaban sus prolijos estudios. Lo bueno es que había tinacos. En un día se vaciaron. Lo bueno es que había un enorme aljibe. Duró dos días. Afortunadamente estos sabios ecologistas creían firmemente en los servicios municipales, el más decidido llamó inmediatamente al Siapa para denunciar la falta de suministro.

 

Luego de escuchar promociones y el listado completo del directorio, marcó la tecla “cortes programados”: ningún corte programado… ningún corte programado… Con incomparable lógica discurrió que lo que sucedía no era un corte programado ¿habrá una tecla para cortes desprogramados? Volvió a escuchar el menú. Nada. Pero podía marcar para obtener la asistencia de un “ejecutivo”. El solo título alentó las más altas expectativas, un ejecutivo se las sabe de todas todas. El ejecutivo respondió al tercer intento y luego de no colgar por diez minutos porque “estamos atendiendo su llamada”. A ver, ¿por dónde vive? No, no hay servicio, pero no sabemos la razón, están haciendo arreglos… Pero ¿y cuánto tiempo han calculado que durarán los arreglos?… no, no sabemos, para qué le miento.

 

Reflexivo como todo hombre de ciencia, luego de colgar, buscó establecer conclusiones preliminares: la función de un ayuntamiento es prestar servicios, si los van a suspender debieran avisar, pero para avisar debieran saber de antemano cuánto tiempo durará la suspensión, y dependiendo de esto, las medidas alternativas que ofrecerán a la población. Adicionalmente, previendo que los ciudadanos fuesen inquisitivos, la autoridad debería explicar el qué y el porqué de la suspensión, calcular el costo que tendrá para los usuarios dicho corte y proceder a compensaciones. Luego nada de esto ocurre, lo más seguro es que ya no hay Ayuntamiento, y en el Siapa solamente quedaron contestadoras automáticas y uno que otro despistado ejecutivo.