ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La guerra egipcia

27 de septiembre de 2015

Hace mucho que no le declaramos la guerra a ningún país y eso como que ya pesa. Ahora tenemos una oportunidad inmejorable enviándole la consabida nota “pelionera” a la república de Egipto.

 

Tal declaración ocurriría en condiciones muy ventajosas, en primer lugar Egipto está muy lejos, así que podemos descartar una invasión de parte suya; en segundo lugar tendríamos la oportunidad de enviar al frente a un sinfín de inmigrantes que han llegado a nuestro país, a cambio de otorgarles la ciudadanía, en caso de que vuelvan, previa asesoría de nuestros permanentes aliados del Norte.

 

Que se vale declararles la guerra es asunto fuera de discusión, desde el momento en que el gobierno egipcio ha cometido la imperdonable falta de decirnos, que lo ocurrido a nuestros connacionales, se debió a una lamentable confusión. ¿Qué gobierno que tenga de sí mismo el más mínimo aprecio a su valor y dignidad puede salir con semejante excusa? Cierto que Egipto está en África, pero fueron cuna de una de las más grandes civilizaciones de la antigüedad, algo debe quedarles de honestidad y respeto a la inteligencia de los demás.

 

Con mucha razón nuestras autoridades han mostrado su molestia e inconformidad con tales razonamientos ¿acaso los turistas agredidos iban vestidos de narcos o viajando en autos modelo “grand marquis”? ¿Por asomo iban en algún autobús de esos que se fletan para trasladar equipos deportivos, marca Iguala? Tampoco, que sepamos, se trataba de inmigrantes mexicanos tratando de entrar de mojados a Egipto, de esos a quienes el gobierno de allá podía haber confundido con delincuentes y por ende, dispararles sin remordimientos.

 

Por supuesto que nuestro gobierno arriesga caer en algún error a la hora de desahogar este complejo problema, los egipcios pudieran resultar astutos y mañosos y sugerir la reconstrucción de hechos, o levantar actas judiciales de tal modo mal hechas que resultaran exonerados de toda responsabilidad, avalados por la respectiva Suprema Corte de Justicia, que tal vez tengan la suerte de tener también por aquellas áridas latitudes.

 

Debemos también prevenir a los señores justicia de nuestra nación para que ningún agente mexicano “doble cara” vaya a compartir con el Ejército egipcio los recursos, medios, artificios, leyes y estrategias de última generación que aquí se emplean para avalar toda acción militar del tamaño que sea.

 

No podemos dejar de enviar una disculpa muy honesta a los deudos de nuestros compatriotas muertos en la frontera norte de México por no haber recibido los cuidados, atenciones, servicios y apoyos de todo nivel y tipo; pero entendámonos, no es lo mismo confundir turistas que confundir braseros, y no es lo mismo que los confundidores sean egipcios o agentes de una potencia mundial.

 

Esto sin ignorar la horas de pánico, de angustia y dolor que estas personas sufrieron en un viaje que era de turismo, si bien en un país que enfrenta serios conflictos internos y externos a causa del extremismo en que está incidiendo el mundo musulmán.

 

Pero tranquilos, no habrá guerra, ambos gobiernos tienen muchas cosas en común, al final se pondrán de acuerdo.