ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La historia sin juicio

6 de septiembre de 2009

Repetir afirmaciones sobre las cosas que pasan en el mundo presente sin que nos conste, se llama chisme y aún calumnia. Repetir afirmaciones de las cosas pasadas sin que tampoco nos conste se llama mito. Construir una conciencia histórica con base en mitos produce sociedades infantiles. Pero cuando se repiten falsedades a conciencia de que lo son, es perverso el autor y hace perverso el juicio de la comunidad, además de infantil y grotesco.

 

A septiembre le llaman el mes de la Patria, de una patria mágica que nos han hecho creer nació de manera automática apenas Miguel Hidalgo dio el grito de Dolores. Un concepto tan mítico de una realidad tan compleja nos ha llevado a repetir ese tipo de magia tramposa profusamente ilustrada en los libros de texto y aún en obras de pretendido carácter historiográfico. Con ese mismo infantilismo se creyó, mágicamente, que bastaba declarar al país como democrático, para que en verdad lo fuera,  o que bastaba legislar en contra de la misma conciencia del país, para que mágicamente cambiara la conciencia de los mexicanos.

 

En esa perspectiva de lo mágico se inserta la inmortal creencia en la omnipotencia del estado y del petróleo para hacernos ricos desde hace ya varios sexenios, y que en delante nuestro único problema sería saber administrar la abundancia.

 

Es igualmente mágico el que todo mundo en este país se esté aprestando a celebrar el bicentenario de la Independencia en el año 2010, mostrando que efectivamente las matemáticas no se nos dan, ya que la Independencia de México ocurrió el 27 de septiembre de 1821, y no el 16 de septiembre de 1810, pero ¿iban nuestros amables gobernantes a renunciar al gusto del gran reventón por una minucia histórica?

 

Desatada la efervescencia todo mundo se ha vuelto historiador, aunque lo que algunos hacen es simplemente volver a sacar del cajón los títeres de antaño, con los mismos rostros, las mismas vestiduras, los mismos diálogos, los mismos mitos y por ello, los mismos prejuicios; en vano han pasado los pretendidos doscientos años, seguimos creyendo que México fue la obra mágica de Hidalgo, sin raíces ni antecedentes, con lo cual desdibujamos la estatura real del personaje a la vez que simplemente aniquilamos a cualquier otro actor en esa singular escena de nuestra historia.

 

Por supuesto que la idea de independencia se fue abriendo camino muy lentamente, y que no prosperará en tanto no concurra el suficiente número de condiciones para favorecerla. En su momento hablar del tema resultaba tan insólito como si en nuestros días apareciese un líder proclamando la nueva patria jalisciense, liberada por fin de la opresión de los mexicanos. No obstante fue precisamente un líder de pensamiento, originario de Sayula, el primero en proponer la independencia de la Nueva España, sugiriendo además todo un proyecto de nueva organización político social del país resultante, era don Juan Antonio Montenegro y Arias; ni siquiera Hidalgo, quince años después, ofrecerá una propuesta tan clara y tan inteligente como la de este personaje olvidado de la historia real del país.