ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La industria de la política

19 de junio de 2016

Es la historia política del México independiente rara vez los partidos políticos creyeron estar al servicio de la sociedad, más rara vez tomaron en serio la democracia y casi siempre vieron el llamado servicio público única y exclusivamente como una forma de hacer dinero.

 

Cuando nació este país un grupo de líderes se empeñó en imponer a la gente una determinada ideología con el apoyo de los grupos de poder fácticos que siempre han existido. Imponer a los demás su idea de progreso, su idea de país, su idea de política, su idea de educación o de cultura sin tomar jamás en cuenta lo que la gente pensara o quisiera o incluso en contra de lo que las mayorías desearan. Solamente los políticos sabían lo que convenía al pueblo.

 

En esta batalla por imponer a la mayoría los postulados de unos pocos hubo guerras e intervenciones extranjeras a favor y en contra, pero en medio de aquella debacle una cosa quedó clara, quien tiene el poder tiene el dinero, y quien tiene el dinero ya ganó, digan lo que digan. Este ufano triunfo, paradójicamente, será todo el tiempo avalado por la opinión pública, pues en México a los ricos y poderosos se les trata como a seres divinos hayan hecho su fortuna del modo que la hayan hecho.

 

La revolución caudillista estallada en 1913 logró finalmente hacer cambiar de manos el ansiado poder y su corolario, el dinero, gracias a la inigualable magia del partido dominante y la sumisión de todos cuantos advirtieron los imponderables beneficios económicos de postrarse y colaborar con los dueños del poder. Una “democracia” tan seriamente maquillada no tenía futuro en el cambiante mundo neoliberal, así que surgieron, por el poder de esa misma magia, numerosos partidos, la mayoría beneficiarios del supremo partido, con el cual podrían aliarse cuando así lo requiriese la sobrevivencia del sistema.

 

Llama la atención la desenvoltura, franqueza y naturalidad con la que analistas políticos del momento interpretaron los procesos electorales del domingo 5 como un hábil juego de partidos donde lo que se jugaba eran las posibilidades para las elecciones federales venideras, es decir nada que ver con el beneficio social de las entidades involucradas o con el progreso mismo de la nación, esas cosas son solamente tramoya discursiva, lo que realmente importa saber  es que partidos sobrevivirán y de qué modo lo harán, dicho de otro modo, el mundo de la política es un mundo convulso, dramático, belicoso, complejo, sorpresivo, y por lo mismo atrayente para su estudio y disección, precisamente por su capacidad para constituirse en poder a costa de la ciudadanía y sin ningún beneficio significativo para ella.

 

Ni duda cabe que la política mexicana lejos de ser un instituto social establecido y mantenido para procurar el bien de la nación, es sólo otra de sus industrias, pero a diferencia de las normales y conocidas, ésta sólo aporta dividendos a sus líderes, y a partir de ellos se genera una derrama económica cada vez más escuálida, según el sitio que se ocupe en este pesado armatroste piramidal.