ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La libre empresa

8 de noviembre de 2015

Desde las postrimerías de la economía feudal, la libre empresa se ha erguido como uno de los pilares más permanentes de los últimos siete siglos. Se trata de una tensión humana y de un derecho que solamente algunas legislaturas en tiempos pasados pretendieron suprimir y sustituir.

La sorpresa del momento es entender cómo fue que este principio tan noble y constructivo haya dado lugar a una determinación de la antes Suprema Corte de Justicia en materia de producción y consumo de mariguana para uso recreativo.

Se trata por cierto de una jurisprudencia que se hace en favor de personas particulares, pero que hace presentir un mundo distinto, un México transformado, una nueva sociedad en la cual todo mundo podrá cultivar amapola, cocaína, y cualquier otra yerba siempre y cuando sea para su uso personal. No sabemos si la ley contempla la posibilidad de un generoso compartir, porque al vecino no se le dio la plantita o se la desayunó el gato, se supone que el detalle radica en no negociar con el cultivo, pues ya nos estaríamos moviendo en el sinuoso pantano del narcotráfico.

Desde luego los beneficiarios de esta decisión cortesana deberán tener cuidado de no cultivar sino y exclusivamente lo que requieran para su diversión. ¿Incluye la decisión el que los felices nuevos agricultores hagan su guardadito para los áridos meses en que la yerba no se da? En el presumible caso de que la diversión del cultivador sea muy exigente, ¿fijará también la Suprema los límites que deba ésta tener, sin ser demandada por Derechos Humanos?

Por lo pronto el mensaje es muy claro, si a usted le gusta consumir sus carrucos mejor vaya aprendiendo a cultivarlos; para prevención futura, aprenda también a cultivar otro tipo de enervantes, pues lo que vale para uno vale para los demás, si no para qué queremos entonces la justicia.

El juez Saldívar explicaba apenas hace unos días que el asunto de la mariguana no es un gran problema, la verdadera preocupación viene del inveterado y expandido alcoholismo que tiene más usuarios que le polémica yerba, y es legal tanto producirlo como traficar con él. En otras palabras, si ya tenemos un vicio tan extendido y tan nocivo, ¿por qué no habríamos de tener dos o tres o los que la soberana ciudadanía reclame?

No se hagan ilusiones los señores restauranteros, tan prohibido seguirá estando fumar tabaco que mariguana en sus espacios, a no ser que nuevamente la Suprema haga una concienzuda distinción entre fumar una u otra cosa, favoreciendo la segunda por sabrá Dios que otra intrincada y jurídica disquisición.

En una de esas y estamos comenzando a desterrar por fin el negocio criminal y fraudulento del narcotráfico, gracias a que cuatro alegres compadres supieron por dónde moverse y más que seguir apelando a los supuestos usos medicinales de la mariguana, fueron sinceros y defendieron su derecho a fumarla por simple, puro y llano placer, aunque los ancianos de antes sigan afirmando que machacada en alcohol alivia las reumas.