ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La Línea 3

10 de agosto de 2014

El crecimiento urbano de Guadalajara se desbordó a partir de la industrialización de su zona metropolitana, que trajo consigo una descontrolada migración. Este fenómeno se desarrolla a partir de la introducción del agua de Chapala a la ciudad, medida que garantizaba una expansión infinita y abría un incalculable campo de oportunidades de negocios de todo tipo, pero en particular a la industria de la construcción.

 

La ciudad comenzó a engullir pueblos y municipios al margen de cualquier planeación, no porque no se hicieran planes, sino porque estos jamás han servido para otra cosa que para dar trabajo a los planeadores y alguna compensación para que soporten el hecho de que nadie les haga caso, tengan o no tengan razón.

 

Lógicamente la movilidad se constituyó en el primer problema. Cuantos se han enriquecido urbanizando el corredor que va de Zapopan a Tesistán, o de Guadalajara a Tonalá, o de Bugambilias a Puerta de Hierro, o de Agua Blanca  a Tlajomulco, ni se sienten responsables ni mucho menos comprometidos a la búsqueda de soluciones y a su financiamiento, que pague la ciudadanía se beneficie o no de todo ese mundo de desarrollos.

 

A pesar de todo, se han ido dando soluciones no exentas de errores. La ciudad se benefició ampliamente con el corredor Lázaro Cárdenas, pero también con la línea uno del tren ligero, por supuesto subterránea, realizada sin endeudamiento y con gran visión. Lo mismo ocurrió con la línea dos, igualmente subterránea, y hasta allí parece haber llegado el sentido común, las decisiones prácticas y visionarias.

 

La línea tres tiene años de estarse previendo, y luego de tantas idas y vueltas se ha impuesto, decretado, forzado o cualquier otro verbo que exprese el aplastamiento de la opinión pública, donde se incluye la opinión de incontables expertos y universitarios, una línea elevada con un breve túnel. Por supuesto que una línea elevada ya es ventaja frente a la ocurrencia de pretender hacer trenes ligeros de superficie que tanto arruinan la imagen urbana y la misma movilidad del resto ciudadano. Pero descartar un tren subterráneo con la comprensiva y comedida razón de que sale mucho más caro no parece que haya sido una decisión correcta. Numerosos investigadores han publicado en periódicos y revistas datos muy relevantes acerca de este proyecto o lo poco que de él se ha podido conocer, hay dudas razonables sobre los costos aún más caros que los erogados en otras partes por tramos iguales, pero subterráneos.

 

Algunos de estos analistas han insistido con toda razón en la eficiencia de un proyecto por etapas, por ejemplo, de un túnel de Zapopan a Avenida Revolución, que se conectara con la estación Ávila Camacho de la línea 1, y con la estación Universidad de la línea 2, considerando que por lo menos en la estación Ávila Camacho se creó infraestructura en previsión de una línea 3.

 

Otros piensan que lo importante es que ya se haga y que se haga como sea pero ya. Hace falta una inteligencia superior que efectivamente decida hacer las cosas pero que las haga bien, tal vez sea mucho pedir.