ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La Línea dos

6 de diciembre de 2009

Es un hecho que la movilidad humana en Guadalajara carece de una efectiva articulación. Con frecuencia las soluciones sólo siguen inercias, rutas fijadas desde siempre y que a nadie se le ocurre modificar. Para ahondar el pantano, la prevalencia de los intereses económicos o políticos, prolongan las discusiones y abortan aún las mejores propuestas.

 

Los promotores y sobre todo los especialistas que operan atrás de los proyectos viven enredados en su tecnología, califican o descalifican las objeciones sin un soporte suficiente de conocimiento, y parten de posturas férreas, inadecuadas para un diálogo abierto y constructivo.

 

El que los estudios de origen y destino muestren que un alto porcentaje de la movilidad humana se dirige al centro de la ciudad, no significa que a toda costa deban atravesar el Centro Histórico, porque así se ha hecho siempre. Para quienes no lo saben conviene recordar que desde la cruz de plazas a la Calzada Independencia o a Federalismo la distancia es mínima.

 

Pensar en un transporte colectivo, funcional, eléctrico, aún de superficie, que lleve a los usuarios de Tesistán a Zapopan, y que en Zapopan, a la altura del Mercado del Mar, ese servicio se haga subterráneo nos ofrece la posibilidad, como ya se ha suficientemente dicho, de comunicar aquella zona con Tonalá, si se aprovechan inteligentemente las líneas uno y dos del tren ligero, que ya existen, y que si no tienen un mayor número de usuarios es por la falta de articulación de líneas alimentadores, que o no funcionan o simplemente las quitaron.

 

El costo sería mucho menor, aún si se trata de un tren subterráneo, ya que los tramos por construir son también reducidos, si se enlazan con las líneas ya existentes. Los beneficios para la población serían igualmente muy notables, puesto que integrarían la salvaguarda del patrimonio monumental de nuestro Centro Histórico sin necesidad de alteraciones como las que se pretenden, y sin renunciar desde luego a su total peatonalización, esfuerzo que supone el reordenamiento de la circulación de vehículos y personas, la modificación de costumbres, y el excelente funcionamiento de las líneas del tren ligero y sus alimentadoras.

 

Por otra parte, si las estaciones del pretendido Macrobús no van a parar en ningún punto del Centro Histórico, entonces ¿para qué lo atraviesan? Es necesario apostar a la creatividad, a la imaginación, a una búsqueda sin prejuicios de todas las alternativas posibles, antes de “convencerse” de que el Macrobús es la única.

 

Quiero informar también a los interesados que la ciudad se halla sobre una zona telúrica, que la mayoría de sus monumentos se han construido con adobe, piedra o ladrillo unido con argamasa; inevitablemente este tipo de construcción acumula las vibraciones constantes que produce el transporte, mismas que van aflojando sus estructuras, haciéndolas vulnerables en el caso de ocurrir un temblor de mayor fuerza que las echaría abajo, como ya ha sucedido. Noticia final: en tres siglos las torres de la Catedral se han desplomado cuatro veces, dato que por cierto desconocían los impulsores del proyecto.