ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

¿La Madre Patria?

17 de junio de 2012

No existe un país en el mundo que tenga menos razones para maltratar a los ciudadanos mexicanos que España, y sí muchas para recibirlos como en su propia casa. Pero los españoles de hoy tienen una memoria flaca y selectiva.

 

Apenas se llega al área de migración en el aeropuerto de Barajas uno advierte una extraña y absurda discriminación. Los ciudadanos de la Unión Europea, desde luego, tienen el trato que les corresponde, pero en iguales condiciones lo tienen también los ciudadanos norteamericanos. Los demás son extranjeros simples y llanos y han de formarse en largas colas para pasar migración, entre ellos, desde luego, los ciudadanos de América Latina, quienes ahora deben presentar una “carta de invitación” para ingresar a la otrora Madre Patria, o demostrar que son colosalmente ricos para justificar su ingreso como turistas, previa exhibición del boleto de regreso y las reservaciones confirmadas de hoteles en España.

 

Se entiende que los españoles profesen una especial y muy atenta gratitud a los norteamericanos, puesto que  fue precisamente su política lo que los liberó de la pesada carga que representaba conservar a Cuba y a las islas Filipinas bajo el dominio de la Corona española. Siguen agradeciendo a los Estados Unidos el apoyo diplomático que este benéfico país dio a los virreinatos americanos para que igualmente alcanzaran su independencia en las primeras décadas del siglo XIX, y la forma en que desde sus antepasados ingleses contribuyeron a crear y difundir la “leyenda negra” española.

 

Que por 300 años el oro y la plata de México y del Perú hayan hinchado sus arcas, financiado sus guerras, construido sus palacios, y pagado sus excentricidades es más asunto de olvido que de reconocimiento. Qué México y varios países latinoamericanos hayan recibido sin “carta de invitación” a miles y miles de exiliados españoles, antes y después de su violenta guerra civil, tampoco cuenta, porque los tiempos cambian y como se canta en la Verbena de la Paloma “lo pasao, pasao”.

 

Por supuesto que España tiene una grave crisis económica, no estaba preparada para “administrar la abundancia” que supuso su ingreso a la Unión Europea; de pronto el estado de bienestar deslumbró a todo mundo, hasta que les bajaron el interruptor y solamente les quedó el alto costo de los beneficios adquiridos, la evidencia de una baja productividad, el fantasma ominoso del desempleo, y el hecho igualmente perceptible de la abundante mano de obra latinoamericana que primero buscaron y favorecieron por ser barata y de uso doméstico y ahora miran como competencia desleal.

 

Por supuesto también que varios vividores mexicanos se han convertido en ganado caballar, prontos a introducir enervantes en aquel país, en principio desprevenido ante las nuevas audacias que el tráfico mundial de drogas produce, igualmente se ha dado el tráfico de personas, pero eso no es razón suficiente para criminalizar a cuanto mexicano de apariencia mexicana o similar visite España. Es lamentable la miopía de no pocos gobernantes de aquel país que en el pasado no supieron imaginar otra forma de comunidad iberoamericana que no fuera la por todos conocida, ni sepan en el presente construirla aprovechando las enormes posibilidades históricas que tenemos en común.