ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La “mexicanización”

1 de marzo de 2015

La semana anterior, en carta dirigida al fiscal de Argentina, el Papa Francisco expresaba su temor de que aquel país se “mexicanizara”, no en el plano cultural, o económico, sino en el delincuencial.

 

Hace algunos años algunos funcionarios mexicanos manifestaban su temor de que México se “colombianizara”. En ambos casos los respectivos gobiernos aludidos han expresado su inconformidad, pues ese tipo de expresiones, dicen, los estigmatiza. Pero a todo esto, ¿Qué significa hoy día “mexicanización”?

 

Primeramente que el narcotráfico adquiera, además del poder económico que ya tiene, poder político, y que este poder político le ayude a constituir amplias bases sociales de apoyo, en ocasiones tan poderosas que le lleven a adueñarse materialmente de estados completos, como ha sido el caso lamentable de Tamaulipas y Michoacán.

 

En segundo lugar la diversificación de las actividades delincuenciales, añadiendo al tráfico de enervantes el asalto a bancos, camiones de carga, transeúntes, y casas habitación. El robo y contrabando de combustibles, materias primas, personas documentadas o indocumentadas, de autos y autopartes. El chantaje a productores agrícolas y comerciantes. El secuestro y el chantaje telefónico. El narcotráfico al diversificarse incide en la comisión directa de estos delitos o brinda y cobra protección a las bandas menores que se especializan en alguno de estos rubros.

 

En tercer lugar el sistema delincuencial mexicano ha apostado ingentes sumas de dinero a la corrupción tanto de los poderes Ejecutivo y Legislativo, como del aparato de Justicia, y el aparato de justicia se ha dejado corromper sin mayor problema, no sólo por la delincuencia organizada, sino también por otro tipo de instancias que favorecieron, por ejemplo, la liberación de Florence Cassez, o exoneraron de la acusación de enriquecimiento ilícito al señor Raúl Salinas.

 

Que los mandos policiacos deban soltar a criminales apenas capturados, que los ministerios públicos levanten intencionalmente actas con los defectos conducentes a su anulación, que los jueces liberen criminales por errores de procedimiento, que éstos maten enseguida a sus acusadores, como ocurrió en Chihuahua. Que las bandas delictivas operen tranquilamente desde los presidios, que los delincuentes puedan entrar y salir de ellos a voluntad, que se persiga a unos cárteles y a otros no, todo eso y seguramente mucho más es el sistema delincuencial construido y operado por algunos líderes mexicanos, y sostenido por una respetable cantidad de gente que se beneficia de muchas formas de semejante estructura.

 

Este sistema mexicano ha sido exportado desde hace bastantes años a diversos países, comenzando por Centroamérica, y de manera muy sensible, a Guatemala. También a Bolivia, Paraguay y Argentina, porque también allá se cultiva el “sueño” del narco y también allá puede haber sistemas políticos susceptibles a sus encantos.

 

Ciertamente no deseamos que en ningún otro país suceda lo que está ocurriendo en el nuestro, y en ese contexto debemos leer y honestamente aceptar que no hemos podido aún abatir este vergonzoso producto mexicano de exportación, y que todos los países de la región deben estar alerta para que no entren a su territorio estos nuevos sistemas delincuenciales, lo demás son sensiblerías mediáticas.