ARMANDO GONZÁLEZ ESCOTO

La Minerva

17 de octubre de 2010

Justicia, sabiduría y fortaleza ¿custodian a esta ciudad? Al iniciarse la cumbre de plenipotenciarios de telecomunicaciones con espléndido coctel en el espacio de la glorieta Minerva y de los Arcos, una persona de nacionalidad inglesa comentó que en Londres jamás podría haberse hecho algo semejante. No se refería al apantallante coctel, sino al hecho de cerrar arterias de la mayor importancia para el tránsito vehicular a fin de ofrecer una fiesta a estas personas. Luego fue el brete de iniciar el reloj de los panamericanos, conciertos circenses, o lo que sea.

 

En Londres no se habría podido hacer por una sencilla razón: la ciudadanía no permitiría semejante abuso de la autoridad. Estrangular el tráfico en horas “pico” supone robar al ciudadano su tiempo, su calidad ambiental, su gasolina, su mismo derecho de tránsito, máxime por la sorpresa con que han venido ocurriendo estos cierres. Pero aquí sí ocurre porque no hay ciudadanía ni tampoco un Gobierno honestamente comprometido con su empleador, responsable de brindar a todos las mejores condiciones de vida, trabajo, educación, salud, movilidad, seguridad y esparcimiento.

 

Las calles del Centro Histórico son nuestra tarjeta de presentación, la peor de ellas en nuestro caso, pues muestra el deterioro de lo renovado y la prolongación de lo que sigue a medias provocando accidentes a los peatones y daños a los automóviles, entorpecimiento del flujo vehicular y lo peor de todo, acabar conformándonos con que así son las cosas; en el mejor de los casos avisar y prevenir, ya que la autoridad no lo hace, que hay un peligroso borde en la calle de Contreras Medellín e Independencia, y otro más en Pavo y Madero y muchos más en muchas otras partes; y mientras las ciudad naufraga en alcantarillas rotas, baches infinitos y chipotes de pavimento por dondequiera, se hacen mega proyectos como la “vía express”, o el Macrobús en todas sus versiones, con salidas al extranjero para seguir viendo como se hacen las cosas en otros países e ignorar que tales logros no son meras cuestiones de avanzadas tecnologías y poder económico, sino de avanzadas sociedades, que por lo mismo, gozan de avanzados gobiernos.

 

Sin duda que hace mucho tiempo que la justicia y la sabiduría dejaron de custodiar a esta ciudad, pues nosotros mismos como ciudadanos ni somos justos ni actuamos con sabiduría, nuestro mejor reflejo son por lo mismo nuestros gobernantes y tantas otras personas que vemos en todas las instituciones que debieran servir a la ciudad y no lo hacen, o lo hacen a medias, pero siempre obteniendo el mayor provecho.

 

Nos queda la fortaleza, es decir, el aguante, la necesidad de soportar el actual estado de cosas por el mayor tiempo que sea posible sólo por evitar mayores males, a menos que esos males a evitar acaben siendo menores comparados con los que ya enfrentamos.